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“Es arte cristiano bizantino. Los moros sólo pusieron el dinero”

El obispo de Córdoba rechaza que la Mezquita sea arte musulmán y niega haber borrado durante años el nombre “Mezquita” del monumento

Entrevista a Demetrio Fernández en la revista "17..."

La hipótesis no es nueva y la ha defendido desde hace años la cúpula de la Iglesia Católica en Córdoba. El que fuera canónigo archivero del templo, Manuel Nieto Cumplido ya aseguró en su libro “La Catedral de Córdoba” que la Mezquita de Córdoba es “el último edificio helenístico” ubicando sus influencias en la Roma clásica y en el arte bizantino y no en arte musulmán. Esa hipótesis también se traslada a los turistas que contemplan el monumento, declarado Patrimonio de la Humanidad, en sus visitas nocturnas sustentadas en un juego de luces y una audioguía cuyo contenido ha sido más que criticado por varios historiadores por su carácter “catequético.

Ahora, el obispo de Córdoba retoma esa idea con otras palabras: “La Mezquita es arte bizantino. Los moros sólo pusieron el dinero”. Lo asegura en una entrevista publicada en la revista “17…” impulsada por el Ayuntamiento de Córdoba y en cuyas 160 páginas se recogen entrevistas, reportajes, artículos de opinión, y otros géneros periodísticos y literarios con la intención de provocar una reflexión en torno a la Cultura en la Córdoba post 2016, el año que finalmente la ciudad no ostentó la capitalidad cultural europea de la Cultura.

Fragmento de la entrevista a Demetrio Fernández en la revista "17..."
Fragmento de la entrevista a Demetrio Fernández en la revista “17…” / CADENA SER

Demetrio Fernández contesta las preguntas del periodista Jon Sistiagapara acabar afirmando que “los Omeyasno tenían arquitectos propios, ni crearon un arte nuevo, no es arte musulmán. Fueron a por sus paisanos cristianos de Damasco, y los trajeron a Córdoba”. ¿La Mezquita no es arte musulmán?, pregunta el periodista. “Es cristiano bizantino. Los moros (sic) sólo pusieron el dinero”.

El obispo de Córdoba infravalora el movimiento que ha conseguido situar el debate en la agenda mediática, política y ciudadana que ha recogido casi 400.000 firmas reclamando la titularidad pública de la Mezquita. “Se oye mucho pero son pocos”, dice Fernández, que incluso niega haber borrado del nombre del edificio la palabra Mezquita. Cabe recordar que fue el propio Demetrio Fernández en 2010 quien solicitó a las autoridades “llamar a las cosas por su nombre. Y en este caso, llamar Catedral al templo emblemático de Córdoba”, como ya se ha contado en este medio. Fernández parece olvidar que la palabra mezquita desapareció durante años de los folletos promocionales y de la propia página web. De hecho, el pasado mes de marzo, Cabildo Catedralicio anunció con una rueda de prensa que volvía a llamar al edificio Mezquita Catedral, enviando un mensaje conciliador tras años de tensiones.

Fragmento de la entrevista de Jon Sistiaga a Demetrio Fernández para la revista "17..."

Fragmento de la entrevista de Jon Sistiaga a Demetrio Fernández para la revista “17…” / CADENA SER

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CAMBOYA

Las pinturas ocultas de Angkor Wat

Han sido halladas más de 200 pinturas murales, apenas imperceptibles, en el templo hindú de Angkor Wat, en Camboya

En 2010, Noel Hidalgo, de la Universidad Nacional Australiana, en Canberra, visitó el templo hindú de Angkor Wat, un símbolo nacional de Camboya, que incluso figura en la bandera de este país. Fue construido en honor al dios Visnú durante el reinado de Suryavarman II (1113-1150 d.C.), líder del Imperio jemer. En el siglo XVI, el rey Ang Chan encargó unas obras de restauración en el templo, pero posteriormente el imperio entró en decadencia y sólo Angkor Wat permaneció ocupado por monjes del budismo therevada, que transformaron el templo en un centro de peregrinación. La selva devoró paulatinamante el recinto religioso hasta que fue descubierto por los europeos en el siglo XIX.

Hidalgo detectó restos de pigmentos, apenas imperceptibles, en diferentes paredes del templo. Tomó una serie de fotografías y, al mejorarlas digitalmente, comprobó que eran restos de pinturas murales deterioradas por el paso del tiempo. Éstas incluían representaciones de edificios, barcos, animales, divinidades e instrumentos musicales. En 2012 regresó al sitio arqueológico y, junto con otros colegas, emprendió una investigación cuyos resultados han sido publicados recientemente en Antiquity. A pesar de que cada día miles de visitantes atraviesan las salas de Angkor Wat, no sorprende que estas pinturas hayan pasado desapercibidas. La atención se dirige hacia los bajorrelieves del tercer recinto, mientras que la mayoría de las pinturas descritas en este artículo son muy imprecisas y sólo son perceptibles tras ser mejoradas, afirman los autores del estudio.

Gran parte de las más de 200 pinturas identificadas han sido interpretadas como antiguos actos de vandalismo, pero otras en cambio debieron cumplir una función decorativa. Los barcos están pintados de rojo; los animales incluyen elefantes, caballos, una especie de león y un curioso animal provisto de escamas y numerosas patas; las divinidades corresponden principalmente a apsarás, ninfas acuáticas de la mitología hindú; entre los edificios se puede reconocer el mismo templo de Angkor Wat reflejado en las aguas; y también hay un conjunto orquestal formado por gongs y tambores. Las pinturas halladas en Angkor Wat parecen corresponder a una fase específica de la historia del templo en el siglo XVI, cuando pasó del visnuismo al  budismo therevada, señalan los autores.  http://www.nationalgeographic.com.es/

Hayreddín Barbarroja, el temible corsario de Argel

A principios del siglo XVI, Barbarroja entró al servicio del sultán otomano y protagonizó innumerables ataques contra navíos y ciudades cristianas, en busca de riquezas y esclavos:

Barbarroja, el célebre corsario de Argel, sembró el terror en el Mediterráneo occidental durante la primera mitad del siglo XVI. Él y su hermano mayor, Aruj, navegaron sin temor saqueando puertos y ciudades, y cargando sus galeras de infinitas riquezas y un número enorme de cautivos. Pero Hayreddín Barbarroja no fue un simple hombre de fortuna con patente de corso, sino un diestro guerrero con olfato político que se convirtió en valioso servidor del sultán otomano Solimán el Magnífico, desafió a todo un emperador, Carlos V, y fundó en Argelia un reino cosmopolita y próspero.

Hayreddín era hijo de un albanés que tras renegar del cristianismo se había asentado en Mitilene, en la isla griega de Lesbos, donde llevaba una vida modesta como alfarero junto a su mujer, viuda de un sacerdote griego. Aruj, el hermano mayor, fue el primero que se lanzó a la aventura del mar, quizás en la marina del Imperio otomano o tal vez en algún navío mercante o corsario. Pero en 1503 el barco en el que viajaba fue atacado y capturado por un galeón de la orden de los caballeros hospitalarios, entonces asentada en Rodas. Apresado, Aruj pasó dos años como galeote en un navío de los caballeros, hasta que logró escapar y pudo reunirse con su hermano Hayreddín. Ambos se establecieron entonces en la isla de Djerba, frente a Túnez; el lugar era una auténtica madriguera de corsarios, a los que se sumaron con entusiasmo.

Sus ataques contra galeras cristianas que surcaban la zona, especialmente españolas, les reportaron importantes ganancias y atrajeron la atención del señor musulmán de Túnez, con el que formaron una asociación. Su flota ascendía ahora a una docena de navíos, y con ellos Aruj y Hayreddín se atrevieron a atacar las plazas españolas del norte de África, como Bugía, donde Aruj perdió un brazo por un tiro de arcabuz.

El bastión de Argel

A estas alturas, Aruj soñaba con dejar de ser un simple corsario y convertirse él mismo en jefe de un Estado soberano de la costa norteafricana. La oportunidad le llegó en 1516, cuando el gobernador de Argel le pidió ayuda para expulsar a los soldados españoles del vecino Peñón de Argel. Aruj acudió presto, pero en vez de combatir a los españoles aprovechó la primera oportunidar para deshacerse del gobernador –se dijo que lo ahogó cuando estaba tomando el baño diario en su casa– y proclamarse señor de Argel, ante el alborozo de sus partidarios.

Con la toma inmediatamente posterior de Tenes y Tremecén, Aruj creó un poderoso reino en el norte de África. Era todo un desafío para la monarquía española de Carlos V, y la reacción no se hizo esperar. En 1518, una armada hispana partió de Orán y asaltó Tremecén, acorralando a Aruj. En su huida, éste se refugió en un corral de cabras, y allí un soldado español lo alcanzó con una lanza y lo decapitó.

Corsarios de Argel

Corsarios de Argel

En Argel, Hayreddín tomó el relevo de su hermano como jefe de los corsarios. Frente a la redoblada presión española, hizo gala de astucia política y decidió buscar la ayuda del sultán otomano. A cambio de la protección militar prestada por Constantinopla, que envió enseguida dos mil jenízaros, Argel se convirtió en una nueva provincia (sanjak) del Imperio otomano. De esta forma, Hayreddín pudo continuar en los años siguientes con la actividad corsaria y a la vez consolidar su Estado, conquistando nuevas plazas en Berbería, como Colo y Bona.
Pese a ello, la principal amenaza a su dominio seguía estando a las puertas mismas de Argel, en el Peñón ocupado por los españoles. En 1529, mientras Carlos V estaba en Italia para coronarse emperador y Solimán asediaba Viena, Hay-reddín se lanzó al asalto de la fortaleza cristiana. Tras 15 días consecutivos de bombardeos, la guarnición española, diezmada, hubo de rendirse. Las crónicas españolas cuentan que Barbarroja mandó matar a palos en su presencia al capitán del fortín, Martín de Vargas.

Héroe de los musulmanes

La fama de Hayreddín se extendió por todo el mundo musulmán del Próximo Oriente. Desde Levante llegaron a Argel corsarios experimentados en busca de fortuna, como Sinán el Judío o Alí Caramán. Del mismo modo, cuando el condotiero genovés Andrea Doria, a instancias de Carlos V, se adentró en el Mediterráneo oriental y consiguió capturar los puertos de Corón, Modón y Naupacto, en el Peloponeso, Solimán mandó llamar de inmediato a Hay-reddín. Éste se apresuró a atender la convocatoria. Para impresionar al sultán, abarrotó sus navíos con presentes de lo más suntuoso: tigres, leones, camellos cargados de sedas y paños de oro, vasos de plata y oro, y también doscientas mujeres destinadas al harén de Estambul, así como buen número de esclavos jóvenes. Solimán, sin duda complacido, nombró a Hayreddín gran almirante de la flota otomana.

Al mando de 80 galeras y 20 fustas, Barbarroja inició entonces una vigorosa campaña naval a lo largo y ancho del Mediterráneo. Tras reconquistar Corón y Naupacto, la armada de Hayreddín aterrorizó las costas de Italia. En Nápoles, tras intentar prender a la hermosísima condesa Julia Gonzaga, que logró escapar por muy poco, Hayreddín y sus hombres saquearon numerosos templos y sepulturas. Barbarroja amenazó incluso Roma, donde el papa Clemente VII agonizaba, abandonado por los cardenales que habían huido tras saquear el erario apostólico. Pero, en realidad, toda la correría de Hayreddín era una estratagema para distraer la atención de la cristiandad de su verdadero objetivo, Túnez, que tomó por sorpresa.

El duelo con Carlos V

Hizo colocar en los mástiles los estandartes de los barcos españoles hundidos el año anterior y penetró sin resistencia en el puerto

El éxito de Hayreddín fue breve, ya que Carlos V se puso al frente de una poderosa expedición que logró la reconquista de Túnez, tras semanas de duro asedio y cruentos combates. De vuelta en Argel, Barbarroja no se arredró y buscó una ocasión para desquitarse. Sin dilación se embarcó con rumbo a la isla de Menorca, base de la escuadra imperial española. Al llegar a Mahón hizo colocar en los mástiles los estandartes e insignias de los barcos españoles hundidos en Argel el año anterior, y de esta guisa penetró sin resistencia en el puerto. Al darse cuenta del engaño, la escasa guarnición intentó defender las murallas, pero se rindió al cabo de unos días bajo promesa de que se respetaran las vidas y los bienes de los habitantes. El pacto sirvió de poco. Barbarroja saqueó la ciudad y apresó, según las crónicas, a 1.800 personas para venderlas como esclavos.

En los años siguientes, Barbarroja, con una flota de 150 naves, siguió con sus razzias por las costas de los territorios cristianos del Mediterráneo, desde las islas griegas e Italia hasta la península Ibérica. En 1538 derrotó a una gran armada al mando de Andrea Doria cuando éste le había acorralado en el puerto otomano de Préveza, en Grecia, lo que dejó el Mediterráneo oriental en manos de los turcos. En 1541 también rechazó la gran expedición dirigida por Carlos V en persona contra Argel. Dos años más tarde Hayreddín emprendió otra de sus legendarias correrías. De nuevo saqueó las costas del sur de Italia, capturando cientos de esclavos. Tras tomar la fortaleza de Gaeta, cuentan las crónicas que se enamoró, ya septuagenario, de la hija del gobernador español, María la Gaitana, que se llevó consigo.

Aclamado en Estambul

Desde Italia, Hayreddín se dirigió a Marsella y Tolón, donde fue acogido con todos los honores por las autoridades, en cumplimiento de la alianza entre Francia y el Imperio otomano, unidos por su rivalidad frente a Carlos V. Algunos navíos de Barbarroja recorrieron la costa española, saqueando diversas ciudades costeras, como Rosas, Cadaqués, Palamós y Villajoyosa.

En 1545, Barbarroja se retiró a Estambul, donde vivió el último año de vida, dictando serenamente sus memorias. Falleció el 4 de julio de 1546. Su tumba, el Mausoleo Verde (Yesil Turbe), construida por el famoso arquitecto Mimar Sinan, «el Miguel Ángel otomano», aún se alza en la orilla europea del Bósforo, en el barrio de Besiktas. Durante años, ninguna nave turca abandonó Estambul sin realizar una salva en honor a su más temido corsario al pasar ante su sepultura, donde se lee el siguiente epitafio: «Ésta es la tumba del guerrero de la fe, el almirante Hayreddín Barbarroja, conquistador de Túnez y Argel. Dios lo tenga en su misericordia».   http://www.nationalgeographic.com.es/

Hallan una de las representaciones más antiguas del dios Odín

Una medalla con una efigie primitiva de Odín y otras joyas de unos 1.500 años de antigüedad han sido halladas por un padre y sus dos hijos en una isla danesa

3 detectoristas de metales hallan 7 brazaletes vikingos al sur de Dinamarca

3 detectoristas de metales hallan 7 brazaletes vikingos al sur de Dinamarca

Un bracteato de oro (una medalla que se colgaba del cuello con un cordón o una cadena) con la efigie de Odín, el dios supremo de la mitología nórdica, ha sido hallado por un aficionado a los detectores de metales que exploraba la isla de Lolandia, la cuarta más grande de Dinamarca, junto con sus dos hijos de 10 y 12 años de edad, según informa el Museo Lolland-Falster en un comunicado. El bracteato, de unos 1.500 años de antigüedad, data de la Edad del Hierro germánica y constituye una de las primeras representaciones de la antigua religión nórdica.

En el anverso de la medalla aparece un rostro de perfil sobre un caballo, como si estuviera flotando por encima del animal. Otros bracteatos similares han permitido identificar al sujeto como Odín, el dios de la sabiduría, de la guerra, de la muerte, de la magia y de la poesía. Asimismo, una inscripción rúnica se refiere a él como “el alto”, uno de los muchos sobrenombres que los nórdicos le dieron a Odín. “Creemos que el rey de los dioses aparece aquí como un chamán“, destaca Marie Brinch, del Museo Lolland-Falster. Odín reinaba en el majestuoso salón del Valhala, adonde iban los héroes muertos en combate, pero los estudiosos consideran que también era un chamán, un intermediario entre los hombres y los dioses que poseía el don de la curación.

“Creemos que Odín aparece aquí como un chamán”, destaca Marie Brinch

El bracteato de oro, probablemente utilizado como amuleto, muestra la imagen de un caballo, pues Odín podía adquirir la forma que deseara para desplazarse a cualquier lugar. Los motivos representados también podrían estar relacionados con las habilidades mágicas de Odín como sanador de caballos enfermos. “El caballo fue un medio de transporte muy valioso durante la Edad del Hierro en esta región, así que tiene sentido que buscaran la ayuda de los dioses para evitar que el animal sufriese daños. Esta pieza nos explica cómo se relacionaban los seres humanos con los dioses y cómo utilizaban la magia“, reflexiona Brinch. Los arqueólogos aficionados también han encontrado un anillo de oro, un pendiente de oro, piezas de oro de un probable collar y diferentes piezas de plata.

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Un recorrido por la historia de aquellas ciudades que fueron construidas por los imperios más potentes del mundo antiguo. No están todas, aunque sí aquellas cuyas ruinas han sobrevivido y son uno de los principales reclamos turísticos de los países donde se encuentran.

La historia está llena de páginas que hablan de conquistas. De antiguos reinos e imperios que, hambrientos de poder, se embarcaron en interminables luchas para controlar a los pueblos rivales. El objetivo era compartido:  fortalecer su ego y hacerse con algunos de los lugares más prósperos de sus respectivas zonas. Algunos de ellos ocupaban las orillas del Mediterráneo, contaban con importantes salidas al mar o con puertos desde donde se controlaban las principales rutas marítimas. Otros buscaron su fortaleza en las alturas, en promontorios desde donde defenderse, valles sagrados o entre acantilados situados dentro de las rutas comerciales.

Sus capitales, marcadas por la opulencia y la prosperidad, fueron objeto de envidias y rivalidades. Esto provocó que fueran atacadas y dañadas a lo largo de la historia, haciendo que fueran saqueadas, incendiadas o parcialmente destruidas. Por suerte, una gran mayoría han logrado salvar lo que quedaba de su patrimonio convirtiéndose en un gran foco de interés turístico. Roma, Atenas, Cartago, Constantinopla, Petra, Machu Picchu, Persépolis y Tebas son solo algunas de las antiguas capitales de imperio que, a pesar de haber sufrido múltiples desfalcos, hoy se pueden visitar. Un paseo por cada una de ellas nos permitirá adentrarnos en las páginas de su historia, tan cruentas como muestran los restos que han quedado para la eternidad.  http://www.nationalgeographic.com.es/

La historia que no conocías de las tres mujeres negras que hicieron posible la llegada del hombre a la Luna

El éxito del primer estadounidense que orbitó la Tierra, y de la llegada de Neil Armstrong y sus compañeros a la Luna fueron posible gracias a los cálculos de Katherine Johnson, Dorothy Vaughan, Mary Jackson, tres afroamericanas que trabajan como matemáticas en la NASA en los años de segregación legalizada y la discriminación racial de EEUU.

MADRID.- ¿Por qué nunca hemos oído hablar de las mujeres negras que trabajaron como matemáticas en la NASA? Esta es la pregunta que se harán muchos de los espectadores de la película Figuras Ocultas, que se estrena este 20 de enero en España. También es la cuestión que más veces han planteado a Margot Lee Shetterly, la autora del libro en el que se basa la cinta.

“Un equipo de matemáticas conocidas como las ‘computadoras humanas’ calcularon, con lápices, reglas y sencillas calculadoras, las complicadas ecuaciones que permitieron lanzar los cohetes y a sus astronautas al espacio –explica la escritora en su libro–; y entre ellas figuraba un pequeño y excepcional grupo de mujeres afroamericanas especialmente talentosas que formaron parte de las mentes más brillantes de su generación”.

La película se centra en tres de esas mujeres excepcionales: Katherine Johnson (interpretada por Taraji P. Henson), Dorothy Vaughan (la oscarizada Octavia Spencer) y Mary Jackson (Janelle Monáe), que a comienzos de los años 60 ayudaron a la NASA a poner en órbita al astronauta John Glenn desde su centro de trabajo: el laboratorio aeronáutico de Langley, en Hampton (Virginia).

“Después de ser relegadas a enseñar matemáticas en colegios públicos solo para negros, en ese laboratorio encontraron trabajos adecuados a su genio, aunque al principio también se vieron segregadas del resto de mujeres ya que las leyes de Virginia así lo establecían”, recuerda Shetterly. “Pero incluso así, este equipo ayudó de forma sobresaliente a que los EE UU ganaran a la URSS la carrera espacial durante la Guerra Fría”.

De las tres protagonistas la única que sobrevive, con sus casi 100 años, es Katherine Coleman G. Johnson

De las tres protagonistas la única que sobrevive, con sus casi 100 años, es Katherine Coleman G. Johnson(White Sulphur Springs-Virginia Occidental, 1918). Según la autora de Figuras Ocultas, “es la más reconocida de todas las computistas de la NASA, negras o blancas”. En 2015 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad de manos del presidente Obama en reconocimiento a su trabajo.

Tras ser profesora y licenciarse en la Universidad de Virginia Occidental, Katherine Johnson se enteró de que el National Advisory Committee for Aeronautics (NACA, que luego se convertiría en la NASA) buscaba mujeres afroamericanas para el Departamento de Guía y Navegación y se presentó sin dudarlo. En 1953 consiguió el puesto.

Al principio entró en el equipo de las computadoras humanas del ala oeste, West Area Computers, supervisada por la también matemática Dorothy Vaughan –otra de las protagonistas de la película–, y luego pasó a la División de Investigación de Vuelo de Langley. Allí calculó en 1959 la trayectoria del vuelo espacial de Alan Shepard, el primer estadounidense que viajó al espacio, y en 1961 la ventana de lanzamiento del Proyecto Mercury, el primer programa espacial tripulado de los EE UU.

Al año siguiente, cuando la NASA comenzó a utilizar computadoras electrónicas para calcular la órbita alrededor de la Tierra del astronauta John Glenn –recientemente fallecido–, la llamaron para verificar los resultados de la propia máquina, como se muestra en la película. De hecho, la exactitud de sus cálculos sirvió para aumentar la confianza en las nuevas tecnologías de computación.

Pero su mayor contribución al programa espacial –según ha reconocido ella misma– fue su trabajo en la misión Apolo 11, la primera que logró llevar a un hombre a la Luna. En este proyecto calculó el momento preciso en el que la sonda debía abandonar la superficie lunar para coincidir y engancharse al módulo de servicio.

Además, sus ecuaciones y números se aplicaron durante la crisis del Apolo 13 en 1971,cuando una explosión en la nave imposibilitó que sus tripulantes pudieran manejar el ordenador de a bordo. Una vez que la misión fue abortada, sus propuestas para los procedimientos y cartas de navegación ayudaron, junto a la pericia y la preparación de los astronautas, para que pudieran regresar sanos y salvos a la Tierra.

Por su parte, Dorothy Vaughan (Kansas City, 1910 – Hampton, 2008), tras su etapa docente entró también en la NACA en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, una época en la que la industria aeronáutica estadounidense necesitaba mano de obra y personal especializado.

Vaughan es asignada a la sección West Area Computers, un grupo de trabajo compuesto exclusivamente por matemáticas afroamericanas que acabaría dirigiendo. En 1949 se convierte en la primera mujer negra que consigue promocionarse como jefa de personal en la NACA.

Dorothy Vaughan siempre se preocupó por la situación de las empleadas y defendió sus derechos laborales,

En su cargo de supervisora y directora de las West Area Computers siempre se preocupó por la situación de las empleadas y defendió sus derechos laborales.En una entrevista de 1994, Vaughan comento: “Cambié lo que podía, y lo que no pude, lo sobrellevé”. Su trabajo en Langley durante la carrera espacial la hacía sentir “en la vanguardia de algo muy emocionante”.

Vaughan continuó en el mismo centro después de que la NACA se convirtiera en la NASA –donde se jubiló en 1971–, especializándose en computación y FORTRAN, un lenguaje de programación de alto nivel especialmente adaptado al cálculo numérico y a la computación científica.

También contribuyó al proyecto Solid Controlled Orbital Utility Test system (SCOUT), una familia de vehículos de lanzamiento diseñados para colocar satélites pequeños en órbita alrededor de la Tierra.

Su capacidad de aprendizaje y adaptación a los cambios quedan patentes en la película, sobre todo con la llegada de las primeras máquinas computadoras de IBM 7090. Al principio se convirtieron en una amenaza para las computadoras humanas, pero acabaron siendo sus aliadas.

Presentación de ‘Figuras Ocultas’ en España

“Desde aquella época, la innovación en IBM va unida a la diversidad, sea de género, cultura o cualquier punto de vista”, señaló Carmen García, directora de Cognitive Engagement de esta compañía durante el pase previo de la película que la Fox ofreció el mes pasado en la Cineteca de Madrid.

García subrayó la importancia del aprendizaje constante: “Con herramientas como internet, hoy quien no se forma es porque no quiere. La clave está en nosotros mismos. Hay que reinventarse, al igual que hizo Vaughan en su día”.

Durante la presentación de Figuras Ocultas en Madrid, la periodista Paloma Gómez Borrego –la primera corresponsal en el extranjero de la televisión española–, junto a Bisila Bokoko, uno de los pocos ejemplos de mujer, negra y empresaria española, destacaron la importancia de ser “pioneras” y abrir camino a otras mujeres en algún campo, como lo hicieron las matemáticas afroamericanas de la NASA hace más de 50 años.

Sin embargo, a pesar de los avances, todavía queda mucho camino por recorrer en las diferencias de género, como se encargó de recordar Pilar López Sancho, presidenta de la Comisión de Mujeres y Ciencia del CSIC: “Desde hace una década el 60% de los títulos de grado que ofrecen las universidades públicas europeas lo reciben mujeres, con mejores expedientes que los hombres, pero solo hay un 20% de catedráticas”.

Otros ejemplos son la escasa presencia de la mujer en los Premios Nobel o, en nuestro país, en los Premios Nacionales de Investigación –añadió–. Es verdad que hoy podemos ir a la universidad y acceder a la carrera científica, pero las mujeres se agolpan en las categorías más bajas”.

López Sancho señala que esta situación hay que cambiarla entre todos, con modelos que demuestren a las niñas que valen para la ciencia, la informática o cualquier campo; y denuncia: “Todavía hay familias que no quieren que sus hijas estudien algo que consideran inapropiado para la mujer, como una ingeniería”.

Mary W. Jackson se convirtió en la primera ingeniera negra de la NASA en 1958.

Esto es lo que le ocurrió a la tercera protagonista de la película: Mary W. Jackson (Hampton, Virginia 1921-2005), otra de las matemáticas afroamericanas que pasó casi toda su vida en Langley, donde entró en 1951. Tras superar las reticencias iniciales de su familia y ganar en los juzgados su derecho a formarse en ingeniería en una escuela solo para blancos, también consiguió su título y se convirtió en la primera ingeniera negra de la NASA en 1958.

Se especializó en analizar los datos del túnel de viento y los experimentos de vuelo en la división de aerodinámica subsónico-transónica. Su objetivo era entender el flujo de aire, incluidas las fuerzas de empuje y resistencia. Publicó una docena de artículos científicos.

Al final de su carrera también se dedicó a fomentar la contratación y promoción de la mujer en la NASA desde la Oficina de Programas de Igualdad de Oportunidades y Discriminación Positiva. Además, Jackson fue muy conocida en su comunidad por ayudar a los niños a crear un túnel de viento en miniatura.

“Estas tres mujeres y sus compañeras se enfrentaron a desafíos, forjaron alianzas y usaron su intelecto para cambiar sus propias vidas y el futuro de su país“, dice la autora de Figuras Ocultas en su libro, pero, además, hay algo en su historia que parece conectar con gente de todas las razas, etnias, géneros, edades y orígenes.

“Es una historia de esperanza –concluye Shetterly–. La esperanza de que incluso en la realidad más dura, como la segregación legalizada y la discriminación racial de EE UU en los años 60, a veces triunfe la meritocracia; la esperanza de que a cada uno de nosotros se nos permita llegar hasta donde nos lleve nuestro talento y esfuerzo” http://www.publico.es/

 

La fatídica campaña de Napoleón en Rusia

La audaz invasión de Rusia, que provocó un pavoroso incendio en Moscú, constituyó el mayor fracaso de Napoleón:

Hambrientos, exhaustos y ateridos: así volvieron los supervivientes de la Grande Armée, el Gran Ejército francés, al término de una de las campañas más audaces de Napoleón, que resultó fatídica para la suerte de su Imperio.

En 1810, Napoleón se encontraba en la cima de su poder. Sus ininterrumpidas victorias en el campo de batalla le habían convertido en dueño de Europa. Sin embargo, el zar Alejandro I, sin romper de forma clara con Francia, se negaba cada vez más abiertamente a seguir los dictados del emperador. Napoleón decidió entonces invadir el Imperio del zar con un colosal ejército formado por más de 600.000 hombres.

Moscú, reducida a cenizas

El 7 de septiembre de 1812, el ejército de Napoleón derrotó a las tropas rusas dirigidas por Kutusov en la sangrienta batalla de Borodino, que se cobró un saldo de 75.000 bajas entre imperiales y rusos. La victoria abrió a los franceses el camino hacia Moscú.

El 14 de septiembre, las tropas napoleónicas entran en Moscú. En la misma noche de la ocupación francesa se declararon los primeros fuegos del pavoroso incendio que en los siguientes cuatro días arrasó la antigua capital de Rusia. El zar no estaba dispuesto a transigir y, siguiendo la estrategia de sus generales, decidió privar a Napoleón de la victoria que podía suponer la toma de Moscú.

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Napoleón y el fracaso de la conquista de Egipto

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Napoleón quedó en una situación precaria. Lejos de sus bases logísticas, con sus líneas de comunicación vulnerables y el invierno en ciernes, el emperador, alojado en el Kremlin y otras residencias, pasó cinco semanas esperando un gesto de Alejandro que nunca llegó. El riguroso invierno y las enormes distancias terminarían de transformar la aventura rusa de Napoleón en un completo desastre. http://www.nationalgeographic.com.es/

El Estado Islámico destruye el tetrápilo y la fachada del teatro romano de Palmira

El grupo terrorista reconquistó el sitio arqueológico sirio a finales de 2016, efectuando violentas ejecuciones en el teatro romano del siglo II d.C.

Esto es lo que queda de la antigua Palmira

Esto es lo que queda de la antigua Palmira

El grupo terrorista Estado Islámico ha destruido el tetrápilo y la fachada del teatro romano de Palmira, dos monumentos emblemáticos de la antigua capital de la reina Zenobia, situada en el centro de la actual Siria, según acaba de informar la Agencia de Noticias Árabe Siria (SANA). La antigua Palmira fue erigida en una encrucijada entre Occidente y Oriente, entre el mundo mediterráneo regido por Roma y los grandes imperios asiáticos. Palmira fue una parada obligada en la ruta de las caravanas y, cuando se incorporó a Roma en el siglo I d.C., se convirtió en una floreciente ciudad comercial.

El sitio arqueológico fue ocupado por el Estado Islámico en mayo de 2015 y reconquisado a finales de 2016, efectuando violentas ejecuciones en el teatro romano del siglo II d.C., inconcluso pero en buen estado de conservación. El tetrápilo del siglo III d.C., que según parece ha quedado completamente destruido, era un monumento de planta cuadrada con una entrada en cada uno de los lados. Sus 16 columnas originales, cuatro por cada esquina, eran de granito rosado y procedían de Egipto. Todavía no hay imágenes de la destrucción.

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El nuevo Parque Arqueológico del Coliseo es el más grande del mundo

Los edificios más emblemáticos de la Antigua Roma forman parte de un nuevo conjunto arqueológico que tiene como objetivo preservar los símbolos de Italia

¿Cuánto sabes sobre Roma?

¿Cuánto sabes sobre Roma?

Pasear por Roma es como introducirse en una máquina del tiempo que nos lleva hasta el que fue el imperio más potente del mundo: el romano. Su antigua capital se entremezcla entre una Roma moderna donde las nuevas edificaciones, plazas y jardines han tenido siempre que conformarse con ocupar un segundo plano. El gran protagonismo se lo lleva su cara más antigua, donde los vestigios de un próspero pasado son la imagen no solo de la ciudad, sino del país entero.

El Coliseo, conocido también como el anfiteatro Flavia, es el monumento más turístico de la ciudad. Solo en el 2016 lo visitaron más de 6,5 millones de personas. Visitantes que también pasearían por las ruinosas calles del antiguo Foro, donde durante su época de máximo esplendor era el centro comercial y administrativo de la urbe. Sobre él se levanta el Palatino, la más céntrica de las siete colinas de Roma. Aquí es donde Rómulo comenzó a construir la ciudad que, a lo largo de los años, se acabaría convirtiendo en uno de los referentes históricos y artísticos del mundo.

El nuevo parque arqueológico

Para preservar los monumentos que aún quedan en pie se ha creado el nuevo Parque Arqueológico del Coliseo, un nuevo proyecto que tiene como objetivo crear un espacio unitario comprendido por reliquias como el citado Coliseo, el Foro, los históricos edificios del Palatino, el antiguo palacio levantado por Nerón: el Domus Aurea, el parque Colle Oppio y el Circo Máximo, entre otros. En total, 78 hectáreas repletas de joyas históricas que convierten a este nuevo parque en el más grande e importante del mundo en su categoría.

Su idea inicial, incluida en el plan estratégico para el arreglo y desarrollo del área arqueológica central de Roma (AACR) propuesto por el ministro de Cultura, Dario Franceschini, era revitalizar el casco urbano convirtiendo lo que es su centro histórico en una ciudad histórica accesible para los ciudadanos. Entre las diferentes propuestas se encuentra la peatonalización de las calles, mejorar la accesibilidad para las personas de movilidad reducida y rescatar y restaurar algunas de las zonas degradadas.

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Una visita a Roma en tres días

Una visita a Roma en tres días

Para su buen funcionamiento, una de las novedades es que se pondrá al frente a un director elegido por concurso internacional que será el encargado de gestionar los distintos puntos aprobados en el plan estratégico. Hasta el momento, algunos de estos vestigios como el Coliseo y el Foro romano estaban a cargo de la Superintendencia Especial de Roma. Con el nuevo parque, el recinto adquiere cierta autonomía, tal y como se ha ido haciendo con algunos de los museos del país y que ha permitido mejorar sus servicios y crecer en número de visitantes.

A pesar de la envergadura del proyecto, que convertirá el centro de Roma en un referente arqueológico, algunas de las propuestas no han tenido muy buena acogida. Una de ellas es la de devolver la antigua imagen al Coliseo cubriendo su suelo con arena. Los opositores consideran que esta iniciativa podría correr el riesgo de convertir el anfiteatro en un escenario de espectáculos, como habría ocurrido en Verona. De momento, la primera fase de las obras que se culminaron en el 2016 se centraron en limpiar su fachada – en la que se han encontrado elementos que hasta entonces se desconocían, como un bajorrelieve, frescos y filigranas – y en rellenar las grietas de su superficie. También se ha mejorado su sistema de cierre de los arcos. Los próximos trabajos estarán enfocados en sus interiores, los antiguos sótanos del edifico, así como de mejorar el servicio de los visitantes.

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19 ENERO, 2017

JUAN II DE ARAGÓN

El 19 de enero de 1479 murió Juan II de Aragón. Su vida estuvo salpicada de guerras e intrigas políticas de todo tipo. Para comprender todos los tejemanejes políticos que ocurrieron en torno a su figura es necesario saber cuáles eran las raíces de este rey.

Juan II era hermano del rey Alfonso V el Magnánimo de Aragón e hijo del rey Fernando I de Antequera. Su padre fue elegido rey de Aragón en 1412 en el famoso Compromiso de Caspe, al morir Martín I el Humano sin descendencia. Este hecho fue de una enorme trascendencia, pues establecía en el trono a una nueva dinastía, la dinastía Trastámara, que era de origen castellano. De hecho, el propio Fernando de Antequera era el hermano menor del rey de Castilla, quedando ambos reinos gobernados por una misma familia. Los Trastámara aragoneses además de ser reyes de Aragón, tenían un buen número de posesiones en Castilla. Estas se extendían desde Aragón hasta Portugal, cortando al reino de Castilla en dos.

Juan II aunque fuera hijo del rey de Aragón, pasó la mayor parte de su infancia en los territorios que poseía su padre en Castilla. Esto hace que sea educado en las costumbres castellanas y Castilla era un reino muy diferente de la Corona de Aragón. En Castilla las cortes tenían un poder casi testimonial y el monarca tenía prácticamente poder absoluto. Sin embargo, en Aragón el rey estaba sometido a las cortes y no podía legislar sin las cortes. Esta nueva dinastía de origen castellano no va a entender el peculiar sistema político de la Corona de Aragón, tan sólo lo va a aceptar a regañadientes. La enorme influencia que va a tener esta familia en su reino vecino, la Corona de Castilla, así como el reforzamiento del poder de la monarquía en toda Europa; no van a favorecer que estos reyes se adapten a la particular idiosincrasia de cada uno de los territorios de la Corona de Aragón.

Los intereses y vinculaciones personales de Juan II siempre estuvieron relacionados con Castilla. En 1414 fue dotado por su padre con el ducado de Peñafiel y en 1416, a la muerte de este, mientras su hermano Alfonso V heredó la Corona de Aragón, él recibió todas las posesiones castellanas de la familia. En 1420 se casó con Blanca de Navarra, única heredera al trono de este reino, por lo que en 1425 consiguió convertirse en rey consorte de Navarra. Entre 1419 y 1429 participó en los conflictos internos de Castilla para defender sus intereses en dicho reino. Para ello utilizó los recursos que le brindaba ser rey de Navarra y hermano de Alfonso V de Aragón. El resultado fue que los aragoneses y navarros sufrieron las consecuencias de la política exterior de sus gobernantes, sin obtener beneficio alguno, tan sólo para defender los intereses de dicha familia en Castilla. Afortunadamente en 1430 firmaron una tregua con los Trastámara castellanos.

En 1432 colaboró con su hermano Alfonso en la conquista de Napolés, siendo derrotados y apresados ambos hermanos en 1435. Los italianos liberaron a Juan para que volviera a Aragón a recaudar el rescate de Alfonso. Una vez obtuvieron el rescate liberaron a Alfonso. Pero Alfonso nunca más volvió a tierras aragonesas, sino que continuó con su conquista de Nápoles, cosa que consiguió en 1443. Una vez conquistada la ciudad, permaneció allí hasta su muerte en 1458, desentendiéndose por completo de Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca. Mientras todo esto ocurría, desde 1436 hasta su muerte, Juan II fue el lugarteniente de Aragón y Cataluña.

Como lugarteniente de Aragón tuvo que hacer frente a la rebelión de su propio hijo, el príncipe Carlos de Viana. El motivo fue el fallecimiento de su mujer Blanca de Navarra en 1441. Un sector de la nobleza navarra consideraba sucesor y rey a su hijo y otro sector de la nobleza navarra consideraba rey a Juan II, produciéndose una guerra civil que acabó ganando Juan. En 1445 se casó por segunda vez y fruto de este matrimonio nació el famoso Fernando el Católico. En Cataluña apoyó a los grupos más desfavorecidos y a los campesinos, no por caridad, sino porque eran los enemigos tradicionales de los nobles, eclesiásticos y oligarcas de las ciudades que utilizaban las instituciones para restar poder al monarca. El conflicto estaba servido.

Llegamos así al fallecimiento de Alfonso en 1458 sin herederos. En su testamento nombró a Juan rey de Aragón y a su sobrino el Príncipe de Viana -el mismo que había sido derrotado y apresado por su padre Juan II- gobernador de Cataluña. Imaginad las risas que se echaría el rey Alfonso a la hora de redactar su testamento.

El reinado de Juan II estuvo marcado por la guerra en Cataluña. Sus políticas previas desencadenaron una guerra civil entre los nobles y oligarcas de las ciudades que pretendían independizarse, apoyando a su hijo el Príncipe de Viana; y los campesinos que permanecían fieles al rey Juan II. Esta guerra fue costeada por los aragoneses, lo que mermó todavía más la economía aragonesa. Finalmente, consiguió vencer en 1472 y en 1479 murió, sucediéndole en el trono Fernando el Católico, hijo de su segundo matrimonio.

Santiago Navascués Alcay

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza     https://historiaragon.com

Legiones de Roma, la vida en el campamento

Durante los más de veinte años que duraba su servicio, los legionarios vivían en campamentos de frontera, sometidos a una dura disciplina

Legiones romanas

Legiones romanas

“Un hombre que se enrola en el ejército cambia de vida por completo. Deja de ser alguien que toma sus propias decisiones y emprende una vida nueva, dejando atrás la anterior”. Así explica el escritor Artemidoro el drástico cambio de vida que experimentaba quien se convertía en legionario romano. Lo cierto es que eran muchos los que aspiraban a emprender esa carrera, no sólo porque la demanda de soldados era importante –se necesitaban entre 7.500 y 10.000 nuevos reclutas cada año–, sino también porque ofrecía numerosos alicientes a los candidatos. La vida en el ejército garantizaba comida, alojamiento y un salario que, si bien no era superior al de un trabajador libre, sí tenía la ventaja de ser fijo.

Existían también posibilidades de promoción interna, así como ciertos privilegios a la hora de enfrentarse a procesos judiciales, en los que la condición de soldado era sumamente ventajosa. Durante el servicio, el soldado podía aprender un oficio, e incluso a leer y a escribir, y recibía asimismo mejor atención médica que la media de los demás romanos. Además, confiaba en que al licenciarse recibiría una cantidad de dinero o un terreno.

Los puestos de legionario estaban reservados a los ciudadanos, pero los que no lo eran podían alistarse en las tropas auxiliares con la esperanza de obtener la ciudadanía al término de su servicio. Naturalmente, había contrapartidas: el legionario debía someterse a las órdenes de los mandos, y soportar castigos corporales e incluso la pena capital sin grandes opciones de defensa. Tampoco podía casarse legalmente, aunque en la práctica muchos soldados tenían esposa e hijos no reconocidos oficialmente.

La vida en el campamento

Para ingresar en una legión había que cumplir una serie de requisitos, que verificaba el oficial encargado del reclutamiento. Como el servicio duraba veinticinco años, el candidato debía ser joven, en torno a los veinte años. Se prefería a hombres procedentes del campo, porque habían vivido en condiciones más duras y se creía que aguantarían más fácilmente los rigores de la vida militar. La altura ideal para un recluta de la primera cohorte o un jinete de caballería oscilaba entre 1,72 y 1,77 metros, aunque no se rechazaba a los que fueran algo más bajos, pero de complexión fuerte; a finales del Imperio la altura mínima bajó a 1,65 metros.

Se valoraba a aquellos que habían ejercido una profesión como herreros, carpinteros, carniceros y cazadores

También se requería cierta simpleza e ignorancia, con vistas a tener hombres que no cuestionasen las órdenes recibidas, pero también se buscaba a reclutas con educación en letras y números que ocupasen los puestos administrativos. Se valoraba a aquellos que habían ejercido una profesión que resultara útil para la vida del campamento, como herreros, carpinteros, carniceros y cazadores. Algunos se valían de cartas de recomendación escritas por personas influyentes en las que se ensalzaban sus habilidades.

Tras el reclutamiento, el legionario era destinado a su unidad, generalmente en un campamento estable de mayor o menor tamaño situado en las fronteras del Imperio, donde viviría en un ambiente totalmente distinto al de un civil. Estos campamentos tenían una estructura común, si bien cada uno podía presentar sus propias particularidades. Su forma era rectangular y su extensión, de unas veinte o veinticinco hectáreas. Había dos calles principales: la via principalis, que atravesaba el campamento de lado a lado con entradas en los lados mayores del rectángulo; y la via praetoria, que iba de la entrada principal hasta el corazón del campamento, donde se cruzaba con la principalis. En esa intersección se situaban los principia, el cuartel general, sede administrativa del campamento.

En el mismo punto podía haber una plaza central porticada y una basílica, así como el templo (aedes), el espacio más prestigioso, donde se guardaban altares, estatuas y bustos de los emperadores, y los estandartes y el águila de la legión. Junto a los principia estaba el praetorium, residencia del comandante, donde vivía con su familia y su séquito. Los tribunos también tenían viviendas propias, de mayor calidad que los barracones de centuriones y legionarios.

El hospital era un edificio imprescindible, en el que se atendía a los soldados afectados por heridas de guerra o, más comúnmente, por enfermedades o accidentes laborales producto de su rutina diaria. Solía tener un patio central, en torno al cual se disponían los habitáculos para los enfermos y otras dependencias, y estaba atendido por médicos militares de mayor o menor profesionalidad.

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El arte de la medicina en la Antigua Roma

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Los hallazgos de instrumental médico y las informaciones de recetas creadas por los médicos militares indican una calidad de atención superior a la que recibiría un civil que no tuviera los recursos necesarios para pagarse un médico particular. Los graneros, llamados horrea, estaban construidos sobre pilares o muros elevados para que los cereales y otros alimentos se conservaran frescos y a salvo de animales dañinos.

Los soldados vivían en barracones de forma alargada. Cada uno de ellos acogía a una centuria, unos ochenta hombres, que a su vez se dividían en diez grupos de ocho. Cada uno de estos grupos, llamados contubernium, tenían asignadas dos pequeñas habitaciones, de cinco metros cuadrados cada una: una para los enseres y armas y otra que hacía las veces de dormitorio. Aunque pudiera parecer un lugar pequeño para vivir, no reunía condiciones peores que las de los civiles y, además, la mayor parte del tiempo los soldados estaban realizando sus tareas diarias o las misiones encomendadas dentro o fuera del campamento.

El centurión tenía su alojamiento en habitaciones más amplias, en un extremo del barracón. Su misión era gobernar la centuria, y a veces lo hacía con dureza y arbitrariedad. El centurión usaba a menudo la vara para mantener la formación y castigar al que no desfilara correctamente o hablara con su compañero. Tácito transmite la anécdota de un centurión llamado Lucilio al que llamaban “¡Vamos, otra!”, porque cuando rompía una vara en la espalda de un soldado pedía otra con voz potente; su crueldad provocó que fuera asesinado en un motín.

En consecuencia, era importante llevarse bien con el centurión para poder pasar la vida en el campamento lo mejor posible. Un soborno en el momento adecuado podía proporcionar el ansiado permiso, ampliar uno ya otorgado o hacer que el soldado resultara favorecido con las tareas más cómodas. En una carta de un soldado llamado Claudio Terenciano se da fe de que en el ejército “no se consigue nada sin dinero”.

Tareas y maniobras

La jornada de un legionario estaba marcada por las obligaciones militares. Después del desayuno y de pasar revista, se asignaban las tareas a cada soldado siguiendo las órdenes procedentes del cuartel general. Esta asignación se registraba minuciosamente en una hoja de servicios. Se ha conservado una perteneciente a una centuria de la III Legión Cirenaica de Egipto, fechada a finales del siglo I d.C., en la que consta qué hacían los soldados en activo los diez primeros días del mes de octubre.

Entre los trabajos consignados se cuentan las guardias en diversos lugares del campamento, como la entrada, los parapetos y torres o los principia. Había legionarios que se encargaban del mantenimiento del calzado, las armas, las letrinas y las termas. Otros hacían de escolta de algún oficial o realizaban tareas fuera del campamento, saliendo de patrulla por los caminos.

Los soldados debían adiestrarse con su unidad realizando marchas o entrenamientos en grupo mediante desfiles, simulacros de batallas o asedios

Además de las tareas individuales, los soldados debían adiestrarse con su unidad realizando marchas o entrenamientos en grupo. Los diversos ejercicios iban desde desfiles a simulacros de batallas o asedios. Las maniobras se llevaban a cabo con tal rigor que, en el siglo I d.C., el historiador judío Flavio Josefo decía con admiración que éstas no eran diferentes de la propia guerra y que cada soldado se ejercitaba todos los días con la mayor intensidad posible, siendo “sus maniobras como batallas incruentas y sus batallas como maniobras sangrientas”.

Comida, ocio y religión

Los legionarios hacían dos comidas al día: el desayuno (prandium) por la mañana, y la cena (cena), la principal, al acabar la jornada. La dieta básica del legionario era variada y consistía en cereales, sobre todo trigo, carne de cerdo o ternera, y vegetales y legumbres, básicamente lentejas y habas. La caza y la pesca en las cercanías de los asentamientos podían contribuir a una mejor alimentación. A veces, los soldados pedían en las cartas a sus familiares que les enviaran comida extra. Ni que decir tiene que la alimentación de los oficiales sería más variada e incluiría alimentos de mayor calidad.

Para beber tenían agua, cerveza y vino agrio. Al no existir comedores comunes para los soldados, las raciones individuales que se entregaban para comer eran cocinadas en el ámbito del contubernium, en hornos y cocinas fijos o portátiles. El hecho de cocinar y comer juntos propiciaba la camaradería entre los soldados.

El legionario tenía diversas opciones para emplear su tiempo libre. Una de ellas era acudir a las termas del campamento, que podían estar dentro o fuera de él. Era un lugar apto no sólo para la higiene y el descanso, sino también para la vida social y los juegos de azar. También se podía acudir a los asentamientos que surgían a la sombra de los grandes campamentos, que recibían el nombre de canabae. Allí había mercaderes ávidos de aligerar el bolsillo de los legionarios, tabernas para beber y jugar, e incluso burdeles.

En este lugar vivían las familias de los legionarios, aunque parece que éstas podían haber vivido igualmente dentro del campamento. Estos lugares se convertían con el tiempo en vici (aldeas) e incluso daban lugar a ciudades. Algunos campamentos tenían en sus alrededores un anfiteatro, como en Caerleon (al sur de Gales), en el que, además de luchas de gladiadores o cacerías de fieras, podían realizarse desfiles militares o exhibiciones de lucha por parte de los propios legionarios.

El ejército tampoco descuidaba la vida religiosa de sus soldados, que servía de aglutinante para gentes de procedencia diversa y propiciaba el equilibrio personal. Con el objetivo de lograr la adhesión de los legionarios a Roma y a su emperador se celebraban ceremonias religiosas en honor de los dioses y divinidades oficiales, como Júpiter Óptimo Máximo, Roma Eterna y Victoria Augusta. Otras estaban dedicadas a los emperadores romanos –por ejemplo, con motivo de su cumpleaños–, o a la celebración del día de la fundación de Roma.

Incluso se estableció un culto a la disciplina militar, a través de una divinidad abstracta llamada Disciplina, que introdujo el emperador Adriano para potenciar la eficacia del ejército. Las fiestas religiosas eran también una válvula de escape a la rutina diaria y permitían un cierto relajamiento de las costumbres. Junto a los dioses oficiales los soldados podían adorar de forma privada a las divinidades propias de su región o participar en cultos orientales como el de Mitra, que prometía la salvación personal a sus iniciados.

Como incentivo en su vida castrense, el legionario romano contaba con su paga regular, que en tiempos de Augusto ascendía a 225 denarios anuales, cantidad que aumentó progresivamente conforme avanzaba el Imperio. Aunque de esta paga se hacían deducciones para la comida, mantenimiento del equipo y otros gastos, parece que los soldados podían llegar a ahorrar el veinticinco por ciento de la paga anual.
Además, el ascenso en el ejército conllevaba un aumento considerable de salario, de modo que un centurión podía cobrar unas quince veces más que un soldado raso. Como ingresos adicionales, los legionarios contaban con los donativos extraordinarios efectuados por los emperadores, bien por testamento, bien en ocasiones especiales, que se pagaban a las tropas de manera proporcional según el rango militar.

El premio a una vida de servicio

Había tres formas de dejar la legión. La primera era a consecuencia de una enfermedad o heridas graves que hicieran al legionario inútil para el ejército. En ese caso (missio causaria) era licenciado tras un riguroso examen de su condición. También era posible que el soldado cometiera acciones criminales que provocaran su licenciamiento con deshonor (missio ignominiosa), quedando inhabilitado para cualquier servicio imperial. Los demás legionarios, alrededor de la mitad, conseguían sobrevivir a los veinticinco años de servicio y eran licenciados con honor (missio honesta).

Una vez licenciados, los legionarios disfrutaban de una serie de derechos y privilegios como ciudadanos y veteranos. Quedaban exentos de numerosos impuestos y recibían un trato preferente en su relación con la justicia. Si lo deseaban, también podían legalizar su situación matrimonial. Seguramente se les entregaba algún documento escrito en el que constaba su licenciamiento. Los auxiliares, por su parte, recibían un diploma de bronce donde se detallaba su condición legal de soldados veteranos.

El licenciamiento permitía a los legionarios “volver a casa”, pero no todos lo hacían. Muchos recibían un terreno en los asentamientos cercanos a su campamento o en la región en la que habían servido, sobre todo si se habían casado con mujeres locales. Las parcelas reservadas a cada licenciado, de forma cuadrangular, eran delimitadas por agrimensores en un proceso llamado centuriación. Los que habían sido centuriones podían gozar de una buena posición en la ciudad en la que decidieran fijar su residencia, e incluso llegar a los más altos grados de la magistratura local. Otros invertían sus ahorros en abrir un negocio; por ejemplo vendedor de cerámica o de espadas.

El legionario que llegaba a veterano había tenido una existencia dura, aunque mejor que muchos civiles, y al término de su servicio podía recoger los frutos de su esfuerzo gozando de privilegios y de consideración social. Pero no todos tenían motivos para felicitarse. En el año 14 d.C. estalló una revuelta de legionarios en Panonia, dirigida por un cabecilla que clamaba ante sus compañeros: “Bastante hemos pecado de cobardía accediendo a servir durante treinta o cuarenta años hasta acabar viejos y, en la mayoría de los casos, con el cuerpo mutilado por las heridas”, y se quejaba del miserable jornal que recibían a cambio de soportar “los golpes y heridas, la dureza del invierno, las fatigas del verano, las atrocidades de la guerra o la esterilidad de la paz”.   http://www.nationalgeographic.com.es/

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