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Las escuelas catalanas dejarán de puntuar a los alumnos de Primaria del 0 al 10

La Generalitat ha decidido cambiar las notas, que a partir de ahora se sustituirán por un ‘logro excelente’, ‘logro notable’, ‘logro satisfactorio’ y ‘no alcance’.

Adiós a las notas de 0 a 10 en Cataluña. La consejería de Enseñanza de la Generalitat ha adaptado la evaluación de los escolares de Primaria al currículum por competencias y dejará de puntuar como siempre: a partir de ahora tendrá cuatro tipos de calificaciones respecto al nivel de aprendizaje obtenido a final de curso.

Así lo ha asegurado la consejera de Enseñanza, Meritxell Ruiz, que con esta nueva implantación “no solo se está cambiando el nombre de las notas, sino la manera de aprender y evaluar” de los jóvenes catalanes.

Con el cambio, a partir de ahora las notas finales podrán ser un ‘logro excelente’, ‘logro notable’, ‘logro satisfactorio’ y ‘no alcance’, según recoge Ep. Esta última denominación servirá para concretar las asignaturas suspendidas.

En declaraciones a los medios, Ruiz ha sostenido que este nuevo tipo de evaluación surge para dar respuesta a “cómo se enfoca el aprendizaje en el aula” hacia las competencias. En este sentido, la titular de Enseñanza defiende que al modificar la forma de aprender se tiene que cambiar la de evaluar y que la evaluación forme parte del proceso formativo.

Además, la responsable catalana de enseñanza ha explicado que las familias recibirán unos documentos elaborados por cada competencia el grado de logro, así como de las diferentes dimensiones que la integran en una evaluación “más profunda” y cualitativa.

Fuentes de Enseñanza han explicado que la orden de resultados de Primaria contempla que trimestralmente los centros entreguen a las familias informes sobre el progreso del alumno en cada competencia, que también se quiere que conozca las competencias que tiene que alcanzar. http://www.abc.es/ 

Pablo Iglesias considera “un mero problema burocrático” esto

Prisioneros en el campo de concentración de Mauthausen, construido por el régimen nazi.

Ante un puñado de testigos, diez de los principales jerarcas del régimen nazi fueron ahorcados el 16 de octubre de 1949 en el gimnasio de la prisión de Nuremberg, tras ser condenados a muerte por el tribunal formado por las tres principales potencias ganadoras de la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos, la URSS y el Reino Unido.

 Entre los ajusticiados se encontraban el ministro de Asuntos Exteriores de Hitler, Joachim von Ribbentrop; el ministro de Interior que aprobó las Leyes raciales de Nuremberg, Wilhelm Frick; y el gobernador de la Polonia ocupada, Hans Frank.
Dos de los hombres de la máxima confianza de Hitler habían logrado eludir la pena capital: el presidente de Reichstag, Hermann Göring, se suicidó en su celda con una cápsula de cianuro pocas horas antes de que se iniciaran las ejecuciones, mientras que Rudolf Hess –que se había lanzado en paracaídas sobre el Reino Unido para intentar negociar un acuerdo con su gobierno– cumplió cadena perpetua en la prisión de Spandau hasta su muerte, en 1987.

Los 24 líderes nazis que se sentaron en el banquillo durante el juicio principal de Nuremberg (luego les seguirían numerosos mandos intermedios) no fueron procesados por cometer “un mero problema burocrático”, como sostiene Pablo Iglesias, sino como responsables del plan sistemático puesto en marcha por Hitler para exterminar a seis millones de judíos.

Tampoco les sirvió de mucho alegar que eran simples “funcionarios que cumplían órdenes”, como afirma el líder de Podemos: el tribunal internacional de Nuremberg determinó que este hecho en ningún caso les eximía de responsabilidad por haber participado en uno de los episodios más atroces de la historia del siglo XX.

Holocausto

Decenas de judíos confinados en los barracones de un campo de concentración.

“El Holocausto fue fundamentalmente una decisión administrativa, un mero problema burocrático”, escribió Pablo Iglesias en febrero de 2009 en el blog que borró luego, al fundar Podemos. Esta fría afirmación, que ha sido recibida como un ultraje por la comunidad judía en España, no sólo elude cualquier juicio moral sobre uno de los mayores crímenes contra la humanidad de la Historia. Además oculta la principal clave del régimen nazi: la utilización del odio como instrumento político.

Ya en las páginas de Mein Kampf, que escribió en la prisión de Landsberg en la que cumplía condena por su participación en el fallido golpe de Estado de Munich, Adolf Hilter señaló a los judíos como el principal enemigo del pueblo alemán.

Una vez en el poder, se encargó de cumplir hasta las últimas consecuencias sus amenazas. Mediante las leyes raciales de Nuremberg, promulgadas en septiembre de 1935, Hitler prohibió a los judíos ejercer cualquier profesión en territorio alemán. Tampoco podían casarse o mantener relaciones sexuales con cualquier ciudadano de sangre alemana. Sus propiedades fueron requisadas.

Holocausto
Los prisioneros morían con frecuencia de inanición antes de ser conducidos a la cámara de gas.

La maquinaria del terror se puso en marcha en noviembre de 1938, tras la noche de los cristales rotos, instigada por el ministro de propaganda Joseph Goebbels. Pocos meses después, el régimen de Hitler inició las deportaciones masivas de judíos, que primero fueron confinados en guetos y luego trasladados a campos de concentración, donde se llevaría a cabo la llamada asépticamente Solución Final.

En Polonia, donde residían 3,3 millones de judíos, se construyeron algunos de los mayores campos de exterminio, como los de Auschwitz-Birkenau (hoy transformado en un auténtico museo de los horrores), Chelmno y Treblinka (donde fueron asesinadas al menos 800.000 personas). En el caso de Auschwitz, se alcanzó la cifra de 1,5 millones de víctimas.

Los trabajos forzados, la muerte por desnutrición o el destino final en la cámara de gas no eran los únicos horrores que esperaban a los judíos en estos campos de exterminio. En el campo de Dachau, los prisiones fueron utilizados como cobayas: los médicos nazis experimentaban con ellos inyectándoles el virus de la malaria y suministrándoles distintas drogas para estudiar sus efectos.

Holocausto
Cadáveres de judíos asesinados por las tropas nazis.

En Auschwitz, el médico de las SS Josef Mengele seleccionaba entre los prisioneros a parejas de niños gemelos, para realizar experimentos genéticos con ellos. En Buchenwald, las SS infectaban a los prisioneros con el tifus, para mantener viva la bacteria. Más del 90% de los pacientes murieron.

Pero los judíos no fueron las únicas víctimas de esta maquinaria del terror. Ya en 1939, Hitler había puesto en marcha un programa de eutanasia que se cobró cerca de 250.000 víctimas: fundamentalmente niños y adultos con discapacidad, anomalías físicas o enfermedades mentales. Gitanos, líderes católicos, homosexuales, socialistas y soldados soviéticos detenidos fueron igualmente confinados y asesinados en los campos de concentración.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, reduce este catálogo de atrocidades a “un mero problema burocrático” y alega que los jerarcas nazis eran simples “funcionarios” que se limitaban a cumplir órdenes.  https://okdiario.com

Infanta Cristina: “Qué ganas tengo de que acabe esto para no volver a pisar este país”

Cristina de Borbón sigue pensando que no son culpables: “Iñaki hizo su trabajo”

¿Dónde estaban Iñaki Urdangarin y la Infanta Cristina en la Hispanidad?

La Infanta Cristina no pudo contenerse y ejerció su derecho a la última palabra del juicio en un pasillo antes de abandonar la sala de la Audiencia de Palma en la que se celebró el juicio del caso Nóos.

Después de 61 sesiones repartidas en 164 días de seis meses, entre el 11 de enero y el 22 de junio de este año, en las que midió cada una de sus palabras en privado, extremó la cortesía con el resto de imputados y no puso una mala cara a ninguno de los presentes, se sinceró delante de sus compañeros de banquillo.

Como si descorchara una botella de champán agitada durante todo ese tiempo, compartió sus verdaderos sentimientos al término de la última jornada lanzando una premonición que pretende cumplir a rajatabla.

Qué ganas tengo de que acabe esto para no volver a pisar este país“, confesó de viva voz Cristina de Borbón al quedar el juicio visto para sentencia, dando la sensación de que había esperado hasta el último suspiro para desahogarse.

Acompañó sus palabras, escuchadas por varios testigos presenciales a los que ha tenido acceso EL MUNDO, de una protocolaria despedida y se marchó con la decidida intención de no volver.

El próximo 22 de diciembre se cumplirán dos años de la decisión del juez José Castro de sentar a la hija del Rey emérito en el banquillo de los acusados. Mientras aguarda el fallo, Cristina de Borbón sólo habla de su madre y de sus hijos. Sobre todo del mayor, Juan Valentín, por el que reconoce estar muy preocupada por cómo ha digerido el proceso judicial. Pero también de la Infanta Elena, de la que asegura que siempre agradecerá el apoyo que le está prestando en estos momentos. Eso sí, ni una sola mención a su padre y a su hermano entre sus amistades.

Recuerda con amargura el tiempo que pasaron en Barcelona tras su periplo americano en Washington, después del verano de 2012, por culpa del calvario que tuvo que pasar su hijo con sus compañeros de clase, que le recordaban una y otra vez la situación de sus padres en el caso Nóos, y no está dispuesta a que se repita una situación semejante. Por cruel y por injusta. Porque ellos, aseguran fuentes de su entorno más próximo a este periódico, siguen repitiendo hasta la saciedad que no han hecho nada malo ni tienen por qué arrepentirse. Y que cuanto más lo piensan, más reafirmados están en su posición.

Iñaki Urdangarin, razona la Infanta a quien le quiere escuchar, se dedicó a prestar asesorías a empresas y a administraciones públicas a través del Instituto Nóos. “Iñaki hizo su trabajo“, insiste. La Casa Real supervisó todos sus movimientos y los bendijo. Y ella no hizo “nada que no haga cualquier otro español”, por irregular que fuera.

Las personas con las que ha hablado La Otra Crónica explican que Cristina de Borbón ha llegado a poner como ejemplo el falso contrato de autoalquiler de su palacete de Pedralbes, destapado en estas páginas, y que precipitó su imputación al pulverizar su línea de defensa, basada en que está enamorada y no sabía lo que hacía cuando estampaba su firma. Y es que ella y no su marido, de su puño y letra, rubricó un falso contrato por el que simulaba el arrendamiento de su domicilio ante Hacienda para pagar menos impuestos por la vía de generar un gasto ficticio. Bien, pues Cristina de Borbón reconoce que si bien es una práctica irregular, está totalmente extendida entre la población española. “¿Quién no hace cosas de ésas?”, se justifica.

En ningún caso realiza el más mínimo acto de contrición y no está dispuesta a que la mayoría de ciudadanos actúe de esa manera y ella no pueda hacer lo mismo por ser Infanta de España. Por eso le gusta Suiza, se sienten cómodos en Ginebra, donde nadie les habla de Nóos ni del juicio ni les persiguen los periodistas y donde Doña Sofía les acompaña cada vez durante más tiempo.

Ha vivido con dolor la traición de quien consideraban su amigo de toda la vida, el regatista olímpico José Luis Pepote Ballester, que pactó con la Fiscalía y delató al ex duque de Palma durante el juicio. “El objetivo era contratar a Urdangarin sin discutir el precio”, declaró, ante lo que Cristina de Borbón no pudo contenerse y exclamó “¡qué vergüenza!” desde su posición en el banquillo.

Instalada ahora en una actitud “pasota”, como la define alguien que la ha tratado hace unas semanas, no elude la dureza del repudio familiar. “¿Sabéis lo duro que es tener que pedir permiso para coger un vaso de agua en la que ha sido mi casa toda la vida?”, ha llegado a comentar.

Reitera que se siente “abandonada” por los suyos, que tanto ella como su marido están siendo víctimas de una “tremenda injusticia” y que son las “cabezas de turco” de una suerte de complot contra la monarquía que ha contado, siempre según su versión, con las más altas complicidades.

Este reciente retrato de la Infanta por boca de sus más cercanos coincide con el que realizó la periodista Ana Romero en El Español hace algo menos de un año. “Es muy duro que tu familia te abandone“, ponía en boca de Cristina de Borbón, de la que aseguró que “jamás” pudo imaginar que fuera a ser despachada con “ignorancia” y “menosprecio”.

Y en este punto Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarin señalan, más unidos que nunca, como ya lo hicieron al principio del caso, a la Reina Letizia como supuesta causante de todos sus males.

Le atribuyen la ruptura familiar, le recriminan su “desmedida ambición” y llegan a atisbar, sin pruebas que lo sustenten, su alargada sombra sobre el avance inexorable del procedimiento judicial.

El matrimonio ha interiorizado que, para que perviva la institución monárquica, en España tiene que pagar por lo que ha hecho una pena desproporcionada. Y que la gran promotora de esa lucha entre lo nuevo y lo viejo es la Reina.

En vísperas de las Navidades de 2014 el juez Castro quiso adelantar su decisión de sentar a la hija del Rey emérito en el banquillo para distanciarla del discurso navideño del monarca.

El titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Palma rechazó aplicar el atajo de la doctrina Botín para ahorrarle el trance y le avaló la Audiencia de Palma, subrayando la existencia de “numerosos indicios” para imputarla.

Había “cooperado” con su marido para defraudar a Hacienda en los ejercicios 2007 y 2008 a través de la sociedad familiar Aizoon, con la que cobraron cuantiosas minutas de grandes empresas a cambio de asesorías inexistentes una vez que el Instituto Nóos cayó en desgracia. Y, como “Hacienda somos todos“, recalcó Castro parafraseando el célebre eslogan, Cristina de Borbón debía ser juzgada como un ciudadano más.

“Señora, no se preocupe, tiene que estar tranquila”, le intentaron animar en un receso del juicio un grupo de letrados. Cristina de Borbón replicó: “Al principio de este proceso me dijeron que no me preocupara y que estuviera tranquila porque no me imputarían, y me imputaron; luego me dijeron que no me preocupara porque el asunto no iría a juicio, y me sentaron en el banquillo; luego, que el tribunal admitiría la cuestión previa -la célebre doctrina Botín que fue esgrimida por sus abogados- y que me podría ir, y aquí estoy… Pero, vamos, que tranquila estoy“, les respondió con irónica resignación.

Con todo, Cristina de Borbón es moderadamente optimista y cree que finalmente saldrá absuelta. Sin embargo, tiene asumido que Iñaki Urdangarin ingresará en prisión. Porque si no, todo lo que ha ocurrido, razona, no tendría sentido. La operación urdida contra ellos necesita un “sacrificio” y la víctima será su esposo, del que ni se plantea divorciarse y al que está más unida que nunca. Iñaki está extremadamente delgado, ha envejecido diez años de golpe, pero todavía no ha perdido el sentido del humor y se atreve a bromear con la situación que están viviendo.

Eso sí, de renunciar a los derechos dinásticos, ni hablar. Eso supondría admitir por parte de la Infanta su culpabilidad y dar la razón a quienes han urdido el maquiavélico plan para derribarles. Por eso aguantarán lo que venga sin dar un solo paso atrás, pero también sin atacar públicamente a la institución por el “respeto” que sienten por ella.

“Ahora nos tendrán en vilo seis meses más”, dijo el pasado mes de junio al abandonar la sala de juicio, pronosticando, sin saberlo, que el tribunal apuraría al máximo sus plazos al no ponerse de acuerdo con qué hacer finalmente con los ex duques de Palma. “De lo que se trata es de alimentar a la bicha”, sentenció. http://www.elmundo.es/

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