HISTORIA: 1878 LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS

 

HISTORIA SOCIAL DEL ULTRAMAR ESPAÑOL: ANTILLAS FILIPINAS (1868-1898) Consuelo NARANJO OROVIO. Investigadora del Centro de Estudios Históricos, C.S.I.C.

CUBA La década de los años sesenta, más concretamente partir del inicio de la Guerra de los Diez Años, en 1868, fue el preludio de las transformaciones económicas sociales que se venían gestando en Cuba desde unas décadas atrás —1840 en adelante—, que se manifiestan con toda su fuerza una vez terminada la guerra, en 1878. Diversos factores influyeron en la toma de posiciones políticas de la élite criolla de estos momentos, el reformismo el independentismo: la caída de los precios en el mercado internacional de su principal producto de exporta ción, el azúcar; la presión sobre el sistema financiero isleño, el endeuda miento de un sector importante de los hacendados cubanos, así como las trabas la prohibición impuestas por Inglaterra sobre la compra introduc ción de esclavos negros en Cuba. El reformismo, cuya cabeza visible fue José Antonio Saco, creyó ver la solución los problemas de Cuba en la Junta de Información, constituida en Madrid en 1865 para revisar los problemas de las colonias otorgarlas de leyes especiales, ya anunciadas en 1837. En esta Junta, Saco, nombrado comisionado, defendió la descentraliza ción la creación de un Consejo Colonial una legislatura provincial. La lentitud de la Junta y la acción de los independentistas de Oriente se combinaron dieron lugar al estallido de la contienda. El Grito de Yara, del 10 de octubre de 1868, contenía las reivindicaciones económicas, adminis trativas políticas de la élite criolla, de los hacendados ganaderos de la parte oriental. El Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la isla de Cuba, redactado por Carlos Manuel de Céspedes, tocaba uno de los problemas cla ves, la esclavitud. En el Manifiesto, Céspedes anunciaba la abolición de forma gradual bajo indemnizaciones. Ello no guarda relación con la liberación de los esclavos, realizada de forma voluntaria durante la guerra, por algunos hacendados, dueños de esclavos (1). (1) Historia de la nación cubana. T. V. La Habana, 1952; Raúl Cepero Bonilla. Azúcar abolición. La Habana, 1977.

Meses más tarde, el 10 de abril de 1869, los delegados de las juntas, reuni dos en Guáimaro, redactaron el “Llamamiento la población de Cuba” elaboraron la Constitución de la nueva nación. La participación en la guerra de otros sectores de la población, negros mulatos, ha inclinado algunos historiadores considerar esta guerra como el inicio de la formación de la nación cubana. Sin embargo, un análisis más detallado de los documentos del bando insurrecto ha puesto de manifiesto el pensamiento anexionista de algunos de sus dirigentes, si bien esta corriente de pensamiento aparece principalmente en los primeros años de la con tienda (2). La bandera anexionista, cuyos seguidores, desde la década de 1820, aspi raban la integración de Cuba como un estado asociado de la Unión (3), ahora era levantada por los intelectuales hacendados que se encontraban al frente de la contienda: Aldama, Morales Lemus, José M. Mestre, en tre otros. Consecuencias de la guerra El período comprendido entre 1868 1880 es una etapa de transición donde se aprecia la coexistencia de una sociedad esclavista en extinción con nuevas formas capitalistas. La ausencia de censos que contengan datos sobre la propiedad hace necesario vincular el estudio de los grupos sociales en Cuba al análisis de la estructura económica de la isla. Como ya hemos comentado, la Guerra de los Diez Años aceleró el pro ceso de transformación de las estructuras económica social. De ella se benefició el grupo integrado por peninsulares fundamentalmente, con fuer tes intereses comerciales proclive la dominación española en Cuba, que vino suplantar los antiguos hacendados criollos, cuya fuente de riqueza se basaba en la propiedad territorial en los esclavos. El embargo de los bie nes de los hacendados que participaron en la guerra eran sospechosos de ello, así como el proceso de concentración centralización de la propiedad, dejó un lado un sector importante de estos hacendados que, carentes de capital, no pudieron llevar cabo la modernización que el momento exigía en sus propiedades. Dentro del nuevo grupo en ascenso encontramos figuras destacadas del mundo mercantil: Feliciano Ibáñez, Francisco Durañona, Constantino Fer nández Vallín, etc. Este grupo de hispano-cubanos, que supo aprovechar la coyuntura económica política, llevó adelante el proceso de modernización de la industria azucarera cubana; es decir, la transformación del ingenio en central, lo que la vez le permitió poner término la institución sobre la que (2) Raúl Cepero Bonilla. Opus cit.; Osear Loyola Vega. “El anexionismo en el primer año de la Guerra Grande”, Santiago, núm. 35, Santiago de Cuba, 1979, pp. 157-204. (3) Fernando Ortiz (compilador). José Antonio Saco. ‘Contra la anexión”. La Habana, 1974.Se había vertebrado la sociedad y la economía cubana, la esclavitud, en un momento en que ésta se hallaba en plena decadencia. El planteamiento de este grupo de realizar la abolición de la esclavitud sin indemnizaciones, le reportaría además otra ventaja frente los hacenda dos que aún mantenían los ingenios. De esta manera, una vez abolida la esclavitud, los hacendados no podrían continuar al frente de sus ingenios por falta de capital para contratar mano de obra libre (4). El temor de los antiguos hacendados perder su hegemonía como grupo transformarse en colonos, precisamente en los colonos que ahora se demandaban para trabajar en las grandes centrales, apareció planteada en estos años, 1877 1878, en diferentes artículos de la “Revista Económica”. En ellos, este grupo defendía la necesidad de elaborar una legislación que esta bleciera los deberes derechos de los propietarios de ingenios los de los nuevos colonos (5). En lo referente la esclavitud, la guerra vino consolidar un proceso que se venía gestando desde hacía años, sobre todo en la parte occidental de la isla, la de mayor concentración de ingenios esclavos. Antecedentes de la abolición de 1886 fue la Ley Moret Ley de Vientre Libres, de 1870, que establecía la libertad de los hijos de esclavas desde el momento de su nacimiento la de los esclavos mayores de 60 años. La prohi bición de importar negros esclavos la imposibilidad de reponer estos esclavos ayudaron la sustitución lenta de la mano de obra esclava por mano de obra libre semilibre. Recordemos como desde 1840 los hacendados cubanos se plantearon la necesidad de introducir más mano de obra, para lo cual elaboraron diferen tes proyectos de colonización blanca y de inmigración asiática, en concreto de chinos, que comenzaron arribar la isla a partir de 1847, donde fueron sometidos un régimen de semiesclavitud. El proceso de descomposición de la sociedad esclavista lo podemos observar través de las estadísticas. Así, mientras en 1846 los esclavos repre sentaban más del 58% de la mano de obra utilizada en Cuba, en 1862 repre sentaban el 36,28%. Asimismo, partir de la década de 1860 observamos la disminución de la población negra con respecto al total de la población blanca: Año de la población negra 1841 1862 1877 1899 60 43,73 32,86 -30 (6) (4) Julio Le Riverend. Historia económica de Cuba. La Habana, 1974; Eduardo TorresCuevas. “Las clases sociales en Cuba la Revolución Martiana”, Revista de la Biblioteca Nacio nal José Martí, año 73, vol. XXV, núm. 1, La Habana, 1983, pp. 5-44. (5) Carmen Barcia. Burguesía esclavista abolición. La Habana, 1987. (6) Fe Iglesias. “Características de la población cubana en 1862”, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, vol. XXII, La Habana, 1980, pp. 89-110.

La firma de la Paz de Zanjón, en 1878, en la que se estipulaba la libertad de los esclavos, negros chinos, que hubieran combatido en las filas insu rrectas, abrió paso una polémica en torno la abolición, cuyos debates más acalorados interesantes se dieron en el seno del Círculo de Hacendados, ins titución creada en 1878 por los antiguos hacendados para defender sus intereses. Partidarios todos de la abolición, la discusión surgía al plantearse el modo de llevarla cabo, y mientras unos se inclinaban la abolición inme diata, como el proyecto presentado por Bernardo Portuondo en 1879, otros, como José L. Alfonso, apoyaban la abolición gradual. En esta última línea encontramos otras opiniones más conservadoras, como la de José Antonio Arrieta, quien sugería que la abolición se realizara siempre que el esclavo negro fuera sustituido por el asiático. No podía Arrieta, tratante de negros culíes chinos, tomar otra posición, por otra parte, similar la que mantuvo como presidente de la Junta Cubana, constituida en Madrid en 1868. En esta ocasión sus palabras revelan el sentir de los hacendados esclavistas: “La esclavitud es una institución doméstica que cuenta con más de tres siglos de existencia: ha creado derechos favor de sus habitantes obligacio nes en la Metrópoli (…) destruirla sin la suficiente preparación sería decretar la ruina infalible de esas provincias; la preparación conveniente no puede ser otra que una manumisión lenta progresiva” (7). La Ley de Abolición de la Esclavitud Ley del Patronato de 1880 la Real Orden del de octubre de 1886 pusieron fin la esclavitud en Cuba. Situación social partir de 1880 partir de 1880 los cambios económicos sociales ya indicados se mani festaron generaron un orden económico social nuevos. En este nuevo orden social la abolición de la esclavitud jugó un papel importante, pero aún mayor lo tuvo la instauración del trabajo asalariado en Cuba, que constituyó uno de los cambios sociales más importantes en el siglo XIX cubano, si no el que más. En este período se generó una división social del trabajo emergió un proletariado formado por los antiguos esclavos, los campesinos sin tierras los trabajadores libres introducidos en la isla. Un proletariado que comenzó organizarse en asociaciones gremialistas primero posteriormente en organizaciones obreras, propiamente dichas. El sector que contó con mayor número de trabajadores fue la industria tabacalera, principalmente en sus secciones de torcido elaboración de ciga rrillos, fue en este sector donde primero comenzaron introducirse las ideas anarquistas socialistas. (7) Carmen Barcia. “Táctica estrategia de la burguesía esclavista de Cuba ante la aboli ción de la esclavitud”, Anuario de Estudios Americanos, T. XLIII, Sevilla, 1986, pp. 111-126.

El predominio de las ideas anarquistas en el movimiento obrero español la continua corriente emigratoria hacia Cuba fueron la causa principal del arraigo de dicha ideología entre el proletariado de la isla. Organizaciones obreras En 1857 se creó la Sociedad de Socorros Mutuos de Honrados Artesanos Jor naleros, que semejanza de las asociaciones gremiales europeas poseía un marcado carácter mutualista. Años más tarde, en 1866, apareció el primer gremio obrero con la Asociación de Tabaqueros de La Habana bajo la direc ción del asturiano Saturnino Martínez, que pese sus esfuerzos apenas duró medio año. Ya en 1865, Saturnino Martínez, ayudado por Manuel Sellen, hondamente preocupado por la educación de los trabajadores fundó el periódico La urora, desde el cual se animaba los trabajadores asistir la Biblioteca Pública nocturna de la Sociedad Económica enviar sus hijos la escuela. Pero la trascendencia de La Aurora radicó en el hecho de ser la propagadora iniciadora de las lecturas en las fábricas, en un principio en las tabaquerías. Dicha práctica, abortada en 1866 vuelta a reanudarse en 1880, comenzó crear en los trabajadores un interés hacia sus propios pro blemas les hizo ver la necesidad conveniencia de organización. Pero habrá que esperar hasta la finalización de la Guerra de los Diez Años para ver cómo la incipiente organización obrera comienza tomar cierto dinamismo. En 1878 se creó en La Habana el Gremio de Obreros del Ramo del Tabaco, constituido en su mayoría por españoles cuya cabeza figuraba Saturnino Martínez, en el que participaron Enrique Messonier, Francisco Lavandera, Valeriano Rodríguez, Joseíto Díaz, Sabino Muñiz, Alvaro Aenlle, Eduardo González Bobes, Salvador Romaelle, Gervasio Purón José González Aguirre, entre otros. En los años siguientes asistimos al nacimiento de diversas organizaciones, Unión de Fabricantes de Tabacos, Asociación de Fabricantes de Cigarrillos, ambas en 1884, el Círculo de Trabaja dores, en 1885, así como la edición del periódico La Razón por Saturnino Martínez, 1877-1883. Este hombre, líder durante este período de la organiza ción obrera, continuaba en su empeño de agrupar los obreros en distintos gremios, según la rama productiva, que convergerían en una federación cen tral (8). Junto esta figura aparece en la escena política Enrique Roig de San Martín, difusor de las ideas anarquistas entre los obreros. La penetración de las ideas anarquistas en Cuba es fijada por diferentes historiadores cubanos (8) Véanse las obras de Heinrich Friedlaender. Historia económica de Cuba. Tomo 2. La Habana, 1978, pp. 561-565; José Rivero Muñiz. El primer partido socialista cubano. Apuntes para la historia del proletariado en Cuba. Universidad Central de las Villas, 1962; Sergio Aguirre. Eco de caminos. La Habana, 1974, pp. 297-302; “La industria del tabaco”, Diario de la Marina. Año LXXXVI, Núm. Extraordinario, agosto. La Habana, 1918, pp. 20-22.

En el último tercio del siglo XIX. Los acontecimientos políticos españoles como la restauración de la monarquía en 1874 la evolución del movi miento anarquista en la Península, jugaron sin duda un papel destacado en ello (9). En estos años comienzan aparecer diferentes órganos de difusión de dichas ideas, el primero de ellos El Productor, en 1887, El Trabajo, El Obrero, El Artesano, El Clarín, etc., cuyo frente se encontraba el cubano, Enrique Roig de San Martín, en cuyos editoriales se reproducen artículos publica dos en periódicos anarquistas de la metrópoli, tales como El Productor, El Socialista La Acracia. Los anarquistas se erigen en promotores del movi miento obrero dominan los dos primeros congresos obreros celebrados en 1887 1892. En este último, el Congreso Regional Obrero, junto reivindi caciones tales como la jornada de ocho horas, los anarquistas lanzaron pro clamas en pro del socialismo revolucionario y la independencia de Cuba, lo cual motivó su disolución al día siguiente el encarcelamiento de muchos de sus dirigentes. Durante estos últimos años de dominación española, el panorama polí tico de Cuba fue enriqueciéndose con la creación de diferentes partidos asociaciones obreras tales como el Partido Socialista Cubano, Partido Popu lar, ambos de escasa duración fundados por Diego Vicente Tejera en 1899, la Liga General de Trabajadores de Cuba, bajo la iniciativa de Enrique Messonier, también en 1899, la Sociedad de Trabajadores, de carácter anarquista corta duración, 1899-1902. De ella formaron parte César García, Secretario; José Guardiola Benigno Santos, ambos encargados de la difusión de los panfletos procedentes de Barcelona. estos nombres hay que añadir los de otros anarquistas que durante estos años continuaron desempeñando un papel importante, ellos fueron Eduardo González Bobes, Máximo Fernán dez, José González Aguirre, Gervasio García Purón, Adrián del Valle, Rafael Cusido Pedro Soteras, los tres últimos catalanes, bajo cuyo trabajo salieron la luz dos publicaciones ácratas, El Nuevo Ideal, en 1899, dirigido por Adrián del Valle, ¡Tierra!, periódico que sale la luz en 1902 en cuya redacción participaron Pedro Soteras Rafael Cusido (10). (9) Carlos del Toro señala cómo partir de 1882, fecha en que tuvo lugar el Segundo Con greso Obrero Regional de la Federación de Trabajadores de la Región Obrera Española, en Sevilla, comenzaron ser distribuidos en Cuba folletos impresos en España, de José Llunás, director de La Tramontana publicación anarquista con carácter semanal, en los que se predi caba el anarquismo, el colectivismo la revolución. es la primera vez que frente al reformismo político otra ideología va diseñar un programa de actuación para la clase obrera. Carlos del Toro. El movimiento obrero cubano en 1914. La Habana, 1969, p. 48; véase también la obra de Francisco López Segrera. Raíces históricas de la revolución cubana, 1868-1959. La Habana, 1980; Los anarquistas. Tomo 2/La Práctica, 1975; Teresa Caminas Lemes. “El anar quismo en el movimiento obrero cubano hasta 1917. Algunos criterios para su periodización”, Santiago. Núm. 60. Santiago de Cuba, 1985, pp. 177-197. (10) José Rivero Muñiz. Opus cit.

Política inmigratoria La coexistencia del trabajo libre esclavo con anterioridad a 1886, per mitió que la abolición no supusiera un cambio sustancial en la producción de muchos ingenios. El desmoronamiento de la esclavitud como sistema vertebrador de la sociedad cubana, el miedo la africanización latente desde los aconteci mientos de Haití fortalecido con las sublevaciones de los años 40, el deseo de llegar un equilibrio racial en la isla, el temor de la élite perder su supremacía social económica, motivaron la puesta en marcha de un pro ceso, en un primer momento, de traída de inmigrantes blancos destinados la colonización, y, posteriormente, la adquisición de trabajadores blan cos asalariados. El término de la Guerra de los Diez Años nos sirve de marco para aden trarnos en la política inmigratoria cubana, que ya a partir de 1868 había tomado un rumbo diferente, frente a los antiguos planes de colonización ahora se postulaba la traída masiva de mano de obra libre, en régimen de asalariados. La disolución de la esclavitud trajo consigo la coexistencia de los dos regímenes de trabajo, principalmente en la industria azucarera. En esta transición también estuvo presente el trabajo semiesclavo de coolíes yucatecos, presentes en la isla desde 1847 (11). partir de 1880 la necesidad de mano de obra se hizo sentir de forma más aguda no sólo en las zonas más despobladas de la isla, el centro el oriente, sino también en las ciudades núcleos urbanos donde el desarrollo económico había estimulado la creación de nuevos puestos de trabajo. La Sociedad de Colonización, recientemente creada, en 1872, el Círculo de Hacendados, de 1878, emplearon parte de sus esfuerzos en esta tarea, desde sus órganos de expresión, el Boletín Colonizador Xa. Revista de Agricul tura iniciaron campañas favor de la traída de trabajadores libres, cuyo tra bajo salario permitiría al productor cubano reducir los costos. La nueva realidad económica social que venía implícita con la aboli ción de la esclavitud fue vista por algunos autores, quienes proponían la inmediata sustitución del trabajo esclavo por trabajo asalariado. En este sentido se encaminaron los esfuerzos de Francisco F. Ibáñez, en 1881, para la creación de cincuenta ingenios centrales, en los que la mano de obra utili zada fuera exclusivamente asalariada (12). Durante el período de entreguerras se sucedieron diferentes planes de colonización de importación de braceros, entre los que cabe mencionar el plan elaborado por Manuel Montejo en 1883, quien preveía la constitución (11) Julio Le Riverend. Opus cit.; Manuel Moreno Fraginals. El Ingenio. Complejo económico-social cubano del azúcar. La Habana, 1978. (12) Francisco Feliciano Ibáñez. Proyecto para la creación, por el gobierno de la nación, de cincuenta ingenios centrales, con empleo exclusivo de trabajadores libres. La Habana, 1881.

De una sociedad anónima, bajo el nombre de Empresa de Colonización de Fomento. Entre las competencias de dicha empresa se encontraban no sólo la compra de terrenos, sino el establecimiento de agencias de emigración para atraer colonos de Canarias, España, Argelia, Oran Italia. Los terre nos, en los que se cultivarían una gran variedad de productos —azúcar, café, cacao, vainilla, leguminosas—, que se combinarían con la cría de ganado, serían arrendados los inmigrantes durante cinco años (13). La necesidad de mano de obra siguió siendo una constante durante el siglo XX, ya que los diferentes planes del siglo anterior no habían solucio nado el problema, los inmigrantes, si bien en un primer momento iban trabajar al campo, una vez terminada su contrata, en época de tiempo muerto, se dirigían a las ciudades, donde, muchos de ellos, se asentaban definitivamente. este respecto es de gran interés un artículo aparecido en la Revista de Agricultura, en 1883, cuyo autor, Benjamín de Céspedes, aborda el problema de la despoblación del medio rural la falta de brazos que se planteaba anualmente. Las claves del problema radicaban para el autor en las dificul tades que el inmigrante encontraba para hacerse dueño de la tierra estar sujeto un salario sin posibilidades de adquisición, frente las ventajas que en este terreno encontraba en el medio urbano, para lo cual proponía “fijar al colono la tierra” “interesarlo en la producción” (14). Las características propias de los cultivos cubanos, el azúcar el tabaco, marcaron el carácter estacional de la inmigración destinada labores del campo, y en la cual los canarios jugaron un papel decisivo. El carácter temporal de esta inmigración queda constatado al comparar los datos del censo de población de Cuba —en 1895 la población cubana ascendía 1.777.000 habitantes—, el elevado número de pasajeros que entraban anualmente en Cuba. Según los estudios realizados por Ferenczi Wilcox, entre 1882 1889 entraron en la isla 524.628 inmigrantes proceden tes de puertos españoles (15). PASAJEROS SALIDOS POR MAR DE ESPAÑA CUBA, 1882-1899 NUMERO DE EMIGRANTES PASAJEROS 1882 30.730 1883 24.959 1884 14.097 1885 8.319 (13) Revista de Agricultura. Año IV, febrero, núm. 2. La Habana, 1883, pp. 43-44. (14) Revista de Agricultura. Año IV, octubre, núm. 10. La Habana, 1883, pp. 291-292. (15) I. Ferenczi W. Wilcox. Intemational Migrations. Vol. I. New York, 1929, p. 851.

ANO 1886 1887 1888 1889 1890 1891 1892 1893 1894 1895 1896 1897 1898 1899 TOTAL NUMERO DE EMIGRANTES PASAJEROS 21.650 22.754 19.445 21.421 21.194 22.886 30.306 28.234 29.193 76.780 90.527 24.328 21.632 16.203 484.558 (16) partir de los datos de Ferenczi Wilcox los estudios de Pérez de la Riva, este autor estima que entre 1890 1899 entraron como pasajeros civiles en Cuba 159.280 españoles (17). i^r° 3Utor’TreUes’señala para todo el Período, 1882-1894, la entrada de 82.000 inmigrantes españoles, unos 7.000 anuales (18). isA?T0!¡cd,° dd pr°CeSO inmi«ratorio, así como del fin de las guerras de fooV crecimiento de la población cubana, sobre todo entre 1877 1887′ Año Población anual Proporción de aumento anual (%) 1861 1.396.530 +18 1877 1.509.291 +0’5 1887 1.631.687 +08 1899 1.572.797 _03 (19) (16) Ibidem, pp. 848-856. (17) Juan Pérez de la Riva. “Los recursos humanos en Cuba al comenzar el siglo- inmi gración, economía y nacionalidad (1899-1906)”, La República neocolonial. Tomo I. La Ha baña 1975, pp. 7-14. (18) Juan Pérez de la Riva. “La población de Cuba, la guerra de la independencia la inmigración del siglo XX”, Cuba España en el siglo XIX. Madrid, 1988, pp 397-405 (19) Julio Le Riverend. Opus cit., p. 491.

Corrientes de pensamiento En cuanto la evolución del pensamiento político tan sólo queremos dar algunas pinceladas sobre las corrientes ideológicas que aparecieron con mayor fuerza después de la Guerra de los Diez Años: el autonomismo, el integrismo el independentismo. Los defensores del legado hispano de la presencia de España en Cuba se agruparon en torno al movimiento autonomista —mantenido por los hacendados cubanos, en defensa de sus intereses-, al movimiento ínteerista en donde se agruparon los sectores más reaccionarios del colonia lismo español, muchos de ellos industriales comerciantes españoles, pertenecientes al nuevo grupo dominante, al que antes nos refenmos. Ambos partidos, el Partido Liberal Autonomista la Unión Constitucional, surgidos tras la Paz de Zanjón, en 1878, reclamaban la aplicación de las reformas realizadas en Puerto Rico, en 1873, tanto políticas como adminis trativas, económicas judiciales, la igualdad de derechos a los vigentes en España; estas demandas la Unión Constitucional añadía la integración de Cuba como una provincia más del territorio español (20). Ambos grupos mantenían la superioridad del hombre blanco sobre el negro al que consideraban de pertenecer una raza inferior “incapacitada para dirigirse sí misma”. Para ambos grupos la cultura española era la única existente en Cuba, cuya nacionalidad española no la ponían en tela de juicio. En defensa de los intereses del nuevo grupo hispano-cubano, que en gran medida dependía del mantenimiento de la soberanía española sobre Cuba, se crearon en la Península los Centros Hispano-Cubanos, a partir de 1871. La Unión Constitucional, la Cámara de Comercio de La Habana el Diario de la Marina representaron la corriente hispanista en Cuba en la última década del siglo XIX, que en su afán por mantener la unión España frente al panamericanismo propusieron, mediante un artículo de José María Austrán, la creación de una federación hispanoamericana, que esta ría integrada por España diecisiete países hispanos (21). Algunas de las reformas pedidas llegaron en 1881 con la aplicación de la Constitución de 1876, por la que Cuba Puerto Rico eran consideradas pro vincias de España, en 1889 con la aplicación del Código Civil. La autonomía de Cuba Puerto Rico otorgada en 1897 por el gobierno de Sagasta llegaba demasiado tarde estos territorios, en los cuales el ideal independentista ya era imparable. El independentismo contó con la figura de José Martí, fundador del Par tido Revolucionario Cubano, en 1892. Sus escritos constituyen una fuente de sumo valor para estudiar la situación de Cuba el desgobierno español en (20) Eduardo Torres-Cuevas. Opus cit. (21) Paúl Estrade. “José Martí: las ideas la acción” España Cuba en el siglo XIX, Opus cit.. pp. 17-88.

La isla. En éstos, tras analizar los perjuicios causados por el colonialismo español, estudia los problemas económicos, políticos sociales con que Cuba tendría que enfrentarse tras lograr la independencia. Tras su estancia en España Martí se convence de que la independencia era la única solución para Cuba, de que ella sólo podría ser conquistada por la fuerza: la guerra contra España contra Estados Unidos. En sus escritos en contra el antiguo colonialismo el nuevo imperia lismo, en “Nuestra América” Martí formula sus ideas sobre la unión de los pueblos hispanoamericanos como el único medio de afianzar las institucio nes culturas americanas, las cuales considera producto de un mestizaje. Martí vio en este mestizaje un forjador positivo de la nacionalidad (22). El nacionalismo de Martí favor de la identidad nacional propia la extiende al campo político, a su idea modelo de nación; una nación que debería regirse por unas leyes propias, no heredadas de España, ni importa das desde Europa Estados Unidos; unas leyes que respondieran las características de cada pueblo. Con respecto España Martí siempre estableció la diferencia entre lo que representaba el colonialismo español desarrollado por la España autocrática, la España liberal, compuesta por los que él denominaba los “bue nos españoles”. Las siguientes palabras, entresacadas de las Obras completas evidencian lo dicho: “¡Por la libertad del hombre se pelea en Cuba, hay muchos españoles que aman la libertad! ¡A estos españoles les atacarán otros: yo los ampararé toda mi vida! los que no saben que esos españoles son otros tantos cuba nos, les decimos: ¡Mienten!”. “La guerra no es contra el español, sino contra la codicia la incapaci dad de España” (23). La reconciliación entre cubanos españoles la expresa de nuevo en el Manifiesto de Montecristi, de 1895: “(…) la república será tranquilo hogar para cuantos españoles de trabajo honor gocen en ella de la libertad bienes que no han de hallar aún por largo tiempo en la lentitud, desidia vicios políticos de la tierra propia” (24). PUERTO RICO Al igual que en Cuba, en Puerto Rico la estructura social su evolución está íntimamente unida al desarrollo económico la transformación de las estructuras productivas de la isla, las cuales serán analizadas dentro de este ciclo de conferencias por el Dr. Eduardo Moyano. (22) Ramón de Armas. “José Martí: Visión de España”, España Cuba en el siglo XIX Opus cit, pp. 285-293. (23) José Martí. Obras completas, La Habana, 1975, pp. 277 y 321. (24) Manifiesto de Montecristi. El Partido Revolucionario Cubano Cuba, La Habana, 1Vo5.

Frente al desarrollo económico cubano la importancia capital de la Gran Antilla para España, tanto económica como estratégicamente ha blando, Puerto Rico siempre ocupó un lugar secundario. Con una economía agroexportadora, basada en el monocultivo azuca rero, la composición social de Puerto Rico tiene sus propias características, diferentes la cubana. Si bien la esclavitud también fue un elemento impor tante sobre el que descansaba parte de la economía isleña, el peso de ésta no fue tan acentuado como en Cuba. El predominio de la población negra que tanto asustó los intelectuales hacendados cubanos hasta mediados del siglo pasado es un factor de dife renciación. Los censos de población evidencian este fenómeno: Año 1860 1877 1883 Blancos 300.430 411.712 466.981 De Libres 241.015 319.936 343.413 color Esclavos 41.736 ti Total 583.308 731.648 810.394 (25) este factor de diferenciación hay que añadir la existencia de una población mayor, la presencia de pequeños propietarios —dedicados la producción de café—, la coexistencia desde muy temprano del trabajo esclavo libre, la existencia de un número elevado de desposeídos, que constituían la principal fuerza de trabajo (26). La crisis de la industria azucarera en la década de 1840 provocó la ruina de algunos hacendados la desaparición de muchos de los pequeños pro pietarios, que tuvieron que proletarizarse. La abolición de la esclavitud Al igual que en Cuba las crisis económicas fueron evidenciando la nece sidad de transformar el sistema tradicional de trabajo, mediante una aboli ción gradual. La urgente necesidad de mano de obra dio lugar la promulgación de los llamados “Bandos contra la vagancia”, por los cuales se obligaba todos aquellos que carecían de tierras para subsistir trabajar para un propieta rio. Medidas semejantes fueron la implantación del “régimen de la libreta” (25) J. Jimeno Agius. Población comercio de la isla de Puerto Rico. Madrid, 1885, p. (26) Haroldo Dilla Emilio Godinez (selección prólogo). Ramón Emetereo Betances. La Habana, 1983.

 “Reglamento especial de jornaleros”, de 1849, derogada la primera en 1873, los intentos de importar mano de obra blanca asiática (27). Los sectores más conservadores de los hacendados se declararon en con tra de la abolición, apoyando sus tesis en la “inseguridad del trabajo asala riado”, en la “indolencia del pueblo puertorriqueño” en la carestía del mismo. Las actividades de Vizcarrondo err España, la creación de la Sociedad Abolicionista Española, en 1865, la existencia de un sector fuerte de opinión partidario de la abolición, en el que se encontraban destacados ideólogos, algunos de los cuales participaron en la Junta de Información, como Ramón Emetereo Betances, Segundo Ruiz Belvis, Julio Vizcarrondo, Euge nio María de Hostos, etc., permitió deslindar Cuba Puerto Rico en cuanto al problema de la esclavitud (28). En 1873 se aprobó la ley de abolición de la esclavitud en Puerto Rico, en la cual se contemplaba que se realizara de forma gradual. Según ésta, el antiguo esclavo quedó obligado trabajar, mediante contrato, durante tres años más al servicio del que había sido su dueño; asimismo se pospuso su participación política durante cinco años. Sin embargo, la libertad de este nuevo trabajador libre quedó rescindida en 1874 al establecerse los contratos como permanentes, la vez que se pro hibía que el trabajador pudiera vivir fuera de la propiedad donde desempe ñaba su labor (29). Al igual que lo ocurrido en Cuba hasta bien entrado el siglo XX, el tra bajo en los ingenios rara vez fue remunerado en dinero. El salario del traba jador era pagado través de “vales” que éste sólo podía cangear en el almacén, bodega tienda del ingenio, que su vez era propiedad del dueño del mismo. Inmigración El desarrollo de la agricultura exportadora, del café, partir de la segunda mitad del siglo pasado contribuyó al incremento de la inmigración en Puerto Rico, la vez que facilitó el ascenso de los inmigrantes españoles asentados en la isla, los cuales, través de las casas comerciales situadas en las ciudades portuarias, monopolizaron el comercio importador-expor tador (30). El número de entradas de españoles en Puerto Rico entre 1882 (27) M. A. Mascareñas. “La abolición en Puerto Rico: un proceso irremediable”, Esclavi tud derechos humanos. Madrid, 1989, pp. 269-278. (28) Arturo Morales Camón. “La abolición de la trata las corrientes abolicionistas en Puerto Rico, Esclavitud derechos humanos. Madrid, 1989, pp. 247-269; “Ojeadas las corrien tes abolicionistas en Puerto Rico”, Anuario de Estudios Americanos, T. XLIII, Sevilla, 1986, pp. 295-309; Puerto Rico. política! and cultural history. New York, 1983. (29) M. A. Mascareñas. Opus cit, p. 277. (30) Birgit Sonesson. “La emigración española Puerto Rico. ¿Continuidad irrupción bajo nueva soberanía?”. Españoles hacia América, Madrid, 1988, pp. 296-321.

1886 ascienden 7.460, de los cuales 3.235 pertenecían al ejército 4.225 eran civiles (31). Hasta el momento, los estudios realizados sobre la inmigración espa ñola en esta isla revelan el peso de esta colectividad en el comercio, tanto mayorista como al detalle. Este capital comercial partir de la década de 1860 comenzó invertirse en la compra de propiedades productivas, al igual que ocurrió en Cuba (32). Ideología partidos políticos Con similares anhelos los reformistas cubanos, en Puerto Rico, en 1870 quedó constituido el Partido Liberal Reformista. Desde el principio de su for mación los asimilistas los autonomistas se disputaron el poder. Los parti darios de la asimilación completa con España formulaban las siguientes peticiones de reformas, entre otros: la asimilación en la gestión económicoadministrativa, la ampliación de los poderes de la Diputación Provincial la de los ayuntamientos, la abolición de la esclavitud. Mientras, los parti darios del autonomismo dirigían sus peticiones hacia una mayor descentra lización (33). La separación de ambas corrientes se produjo en 1887 con la creación del Partido Autonomista Puertorriqueño. El partido representante de los intereses españoles fue el Partido Liberal Conservador Partido Incondicionalmente Español, como luego se denominó, creado en 1871. En su programa político estos integristas manifiestan su oposición la aplicación en las Antillas de todas las leyes españolas, lo que su juicio sería equivalente “entregarnos atados de pies manos, sin que la autoridad tuviera facultades para protegernos, merced de los enemigos de la nacionalidad y prosperidad, quienes la sombra de la nueva ley fun damental arrancarían el pabellón protector de España de los últimos peda zos que en la América española aún nos quedan” (34). La ideología independentista estuvo sustentada desde la década de 1860 por Ramón Emetereo Betances Eugenio María de Hostos, entre otros. Desde la República Dominicana, Betances organizó el Comité Revolu cionario de Puerto Rico, compuesto en un principio por sectores que más ade lante, tras el Grito de Lares, encontramos en el bando reformista, pequeños hacendados comerciantes, así como funcionarios, empleados intelec tuales. (31) Estadística general de la emigración inmigración en España. 1882-1890. Madrid, 1891, pp. 76-77. (32) Birgit Sonesson. Opus cit. (33) Ramón Emetereo Betances. Opus cit. (34) José Trías Monge. Historia constitucional de Puerto Rico. Vol. 1. Rio Piedras, 1980.

El pensamiento político antillano, junto a José Martí, adquirió una eran plenitud través de Betances. Su frase, “América para los americanos pero las Antillas para los antillanos. Esta es nuestra salvación”, recoge parte de su ideología; una ideología independentista abolicionista que le ocasionó el exilio en la República Dominicana, Francia y Venezuela partir de 1858 Este nacionalismo antillano es la expresión más clara del pensamiento social caribeño de la segunda mitad del siglo pasado. Betances concebía la independencia de su país de Cuba como una primera fase en la indepen dencia de España Estados Unidos, tras la cual se constituiría una Federa ción Antillana que agruparía Cuba, Puerto Rico, la República Domi nicana, Haití. En este plan, la República Dominicana estaba llamada jugar el papel principal, la que denomina como “nación generatriz de la nacionalidad antillana”, Gregorio Luperón como su líder (35). Este pensamiento penetró en la mente de todos los intelectuales independentistas antillanos de la segunda mitad del siglo XIX: Hostos, Luperón Bono, Espaillat, Martí Máximo Gómez. El líder dominicano Luperón comentaba la unión cultural política existente entre los pueblos antillanos —”Nunca cometeremos la insensatez, que hoy es infamia, de ser dominica nos no ser antillanos”—, así como la necesidad de liberar Cuba y Puerto Rico del dominio español, sin la cual el pueblo dominicano no alcanzaría la libertad plena (36). ARCHIPIÉLAGO FILIPINO En lo que se refiere al archipiélago filipino, lo primero que hay que indi car es que existe un bochornoso vacío de estudios sobre su historia social económica en el período que nos ocupa. Población La primera consideración que queremos indicar en torno al número de habitantes de Filipinas, es que los datos ofrecidos en los diferentes censos (eclesiásticos, oficiales, padrones tributarios, etc.) son escasamente coinci dentes. partir de los datos ofrecidos por John Bowring en 1876 (37), podeioo«35^ Gerard Pierre-Charles. El pensamiento sociopolüico moderno en el Caribe. México 1985; Carlos Rama. Historia de las relaciones culturales entre España América Latina en el siglo XIX. México, 1982. (36) Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, AMAE, Leg. 2058, 1879. Correspon dencia con Consulados. (37) John Bowring. Una visita las Islas Filipinas, Manila, 1876.

Establecer un pequeño cuadro de la evolución de la población filipina, que contiene las cifras siguientes: Año Número de habitantes 1805 (recuento oficial) 1.741.000 1818 (según Aragón) 2.593.000 1840 (estado oficial) 3.209.077 1850 (estado oficial) 3.815.878 1858 (estado oficial) 4.290.371 1860 (según cómputo) 4.500.000 partir de 1860, los datos son confusos las estimaciones ofrecidas por diferentes autores son muy contradictorias. José Montero Vidal (38) nos comenta como, en tanto que el censo elaborado en 1876 por el arzobispo de Manila ofrecía una cifra de 6.174.632 habitantes, el censo oficial de 1877 mantiene que la población en el archipiélago era de 5.567.685 habitantes. Montero indica que una de las razones más poderosas que explicaban estas diferencias numéricas se debía la existencia de “infieles no reducidos” que, según sus estimaciones rondaban los 600.000 habitantes, como mínimo. Por otra parte, el censo de 1876 ofrecía también los datos siguientes: Indios mestizos (tributantes) 5.501.356 Clero corporaciones religiosas 1-962 Corporaciones civiles 5.552 Españoles sin carácter oficial 13.265 Ejército 14.545 Armada 2.924 Extranjeros 31.175 Respecto la población indígena cabe decir que era bastante heterogé nea: los aetas “negritos”, primitivos pobladores del archipiélago, eran nómadas habitaban las montañas de Bataan, Zambales, Ecija, llocos, costa oriental de Pangasinam, sierra de Mariveles, isla de Panay isla de Negros. Los balugas habitaban en la planicie central de Luzón, en Pangesinam algunos puntos de los montes de Nueva Ecija, Tayabas, Zambales, Pampaga, llocos, etc. Los dumagas habitaban la costa del Pacífico. Además existían en Luzón diferentes variantes del tipo malayo: igorrotes, buriks, (38) José Montero Vidal. El Archipiélago Filipino las islas Marianas, Carolinasy Palaos, su historia, geografía estadística. Madrid, 1886.

Busaos, entre otros; en tanto que en Mindanao predominaban los aetas malayos —cristianos mahometanos— en diferentes proporciones según las regiones. Esta diversidad de etnias se correspondía con un elevado número de idiomas: visaya, tagalo, cebuano, ilocano, vicol, pangamisan pampango. Montero Vidal (39) destaca como frente a estos idiomas hablados por millo nes de indígenas, el castellano sólo era hablado por unos 200.000 indios; situación que este autor consideró peligrosa desde el punto de vista “civili zador” político. En cuanto al clero las corporaciones religiosas, hay que recordar que estuvo formado esencialmente por cinco órdenes religiosas: agustinos, dominicos, recoletos, franciscanos jesuítas. Estas mantuvieron, en buena medida, la estructura misional de la época de la conquista hasta el final de la dominación española. Esta estructura se basaba en la repartición geográfica del archipiélago entre las diferentes órdenes, la posesión de grandes hacien das —que albergaban miles de colonos— gobernadas como “feudos monacales” la autoridad de los párrocos en la administración municipal provincial (40). Esta estructura misional estaba presidida por el arzobispo de Manila los administradores eclesiásticos de Cebú, Nueva Cáceres, Nueva Segovia Jaro, elegidos entre las cinco órdenes religiosas, como indica José Andrés Gallego. Sobre la labor educativa de estas órdenes religiosas, Montoro (41) señala que la instrucción primaria estaba relativamente desarrollada, que esto se debía la labor de los maestros procedentes de la Escuela Normal, creada en 1865 por los jesuítas, aunque por otra parte indica que en 1877 había 177.113 niños escolarizados, lo que parece un número escaso frente la población total. Respecto las enseñanzas media superior, controladas casi absolutamente por el clero, Gallego señala que en el curso de 1896-97 cursaban estudios medios alrededor de unos 18.000 filipinos, en tanto que el número de universitarios, formados en la Universidad de Santo Tomás de Manila finales del siglo, era de unos 2.000 (42). Si observamos el censo de 1876, lo primero que salta la vista es el escasí simo número de españoles frente a la población total, un 0,5% como máximo, con la circunstancia añadida de que la mayor parte de éstos se con centraban en Manila, debido que allí estaban localizadas las corporacio nes civiles, integradas por el Gobierno General, Real Audiencia, Admi nistración Civil, Hacienda, Tribunal de Cuentas, Real Hospicio de San José Inspección de Presidios. (39) Ibídem. (40) José Andrés Gallego. “El separatismo filipino la opinión española”, Hispania 17 Madrid, 1971, pp. 77-102. (41) José Montoro Vidal. Opus cit. (42) José A. Gallego. Opus cit. 23.

En cuanto la población extranjera asentada en el archipiélago filipino, Montoro señala en 1886 que la colonia realmente importante era la de los chinos (alrededor de 30.000 individuos), cuya inmigración fue propiciada por el Gobierno por medio de la donación de tierras la concesión de fran quicias, aunque finalmente se dedicaron mayoritariamente al comercio (43). Estos inmigrantes eran conocidos como “sangleyes” mantenían su idioma, religión costumbres, sin gran utilidad para el país de acogida, ya que sus ganancias eran enviadas China, lugar al que se retiraban en caso de hacer fortuna. Junto esta población china, Montoro indica la existencia de inmigran tes de otras nacionalidades, en un número bastante escaso: ingleses (176), alemanes (109), anglo-americanos (42), franceses (30), italianos (8), austrohúngaros (7), belgas (7) daneses (1). Organización política-administrativa La máxima autoridad en Filipinas la ostentaba el Capitán General, que gobernaba apoyado en dos consejos: uno político, formado por la Junta de Autoridades Superiores, otro de Administración, presidido por el jefe superior de Marina compuesto por prelados, funcionarios públicos particulares. El gobierno civil provincial recaía en la autoridad de los Alcaldes mayo res gobernadores político-militares, pertenecientes al Ejército la Armada, que además de tener el mando militar se encargaban de la recau dación de los tributos, bajo la dependencia del Administrador General de Tributos (1858). Las provincias estaban divididas en pueblos, gobernados por mestizos indios, los “gobernadorcillos”, que ejercían como alcaldes jueces munici pales, además de presidir la Principalia, institución compuesta por los jueces de sementera, policía ganados, de los tenientes en ejercicio, de los cabezas de “barangay” (jefes de unas cuarenta cincuenta familias que pagaban tri buto), de los “capitanes pasados” (antiguos gobernadorcillos) de los que habían sido cabezas de “barangay” más de diez años sin cometer des falco. Cada pueblo poseía una especie de policía, los “cuadrilleros”, un cargo obligatorio durante tres años, que estaban exentos del pago de tributo y de los “polos”, trabajo personal en obras vecinales. En los distritos de chinos existían principalias diferentes las de los indios independientes de la jurisdicción india. Eran de elección popular tenían la obligación de apoyar las autoridades eclesiásticas, quienes siem pre tuvieron una enorme importancia en la administración municipal (44). (43) José Montoro Vidal. Opus cit. (44) José Montoro Vidal. Opus cit.; J. Bowring. Opus cit.

Las ideas independentistas Según Pi Margall, con la apertura del canal de Suez, en 1869, se activó el comercio, el intercambio cultural el acceso de los nativos filipinos las universidades europeas, lo que favoreció el espíritu emancipador. Cabría añadir que las medidas liberalizadoras tomadas con ocasión de la revolu ción española de 1868 no fueron ajenas la gestación de las ideas indepen dentistas, que ya se manifestaron en la insurrección de Cavite de 1872. Respecto la afirmación de Pi Margall de que la élite dirigente filipina había gestado sus ideas en las universidades europeas, cabe decir que ya en 1889 el diputado Pando advertía del peligro de la publicación de un libro en tagalo castellano, Noli me tangere, de José Rizal, médico formado en Madrid que lo había publicado unos años antes en Berlín. Rizal describía en su relato costumbrista los avatares de los jóvenes filipinos, quienes, tras el fracaso reformista, se terminaban inclinando por el independentismo (45). Estas ideas de Rizal se radicalizaron aún más en la publicación de su obra El Filibusterismo, de 1891, en el que se lamentaba del colonialismo español abogada por los derechos políticos de Filipinas. Por otra parte, es cierto que tanto Rizal como otros intelectuales filipinos residentes en Madrid desplegaron todas sus fuerzas para atraerse la opi nión pública liberal conseguir para su país un estatus similar los de otras provincias españolas. Con este objetivo fundaron diversas publicaciones crearon en Madrid, en 1888, el Círculo Hispanofilipino, con ayuda de la maso nería, asociación la que estuvieron ligados importantes líderes de la inde pendencia filipina que enviaban periódicos anticlericales nacionalistas como La Solidaridad, desde España. Asimismo fue, en gran medida, en Madrid donde se volvió reavivar la sociedad secreta Katipunam, liderada por Marcelo Hilario del Pilar, Andrés Bonifacio, Arellano, etc., responsable del movimiento de independencia del archipiélago filipino, iniciado con la sublevación de 1896. Durante los últimos años de dominación española en Cuba Puerto Rico asistimos la transformación de sus estructuras económicas, la inserción de sus economías en el mercado internacional capitalista la aparición de un orden social nuevo, integrado por nuevas clases producto de los cambios económicos. En este sentidos Filipinas constituyó un caso aparte, en parte debido al mantenimiento de las estructuras económicas sociales coloniales. http://www.armada.mde.es/

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