INFANCIA

 

Otro niño más se suicida tras sufrir bullying homófobo

Hoy nos hacemos eco de una horrible noticia que ha tenido lugar en Australia, si bien sabemos que puede darse en cualquier lugar del planeta: el bullying. Recordemos que los jóvenes LGBT son especialmente proclives a sufrir bullying, violaciones y suicidios. Un joven de 13 años ha acabado con su vida tras años de acoso escolar continuado a manos de sus compañeros de clase porque al parecer, era demasiado afeminado. Su nombre era Tyrone Unswworth, un estudiante de séptimo curso en un insituto de Brisbane, Australia.

Su propia madre ha declarado el infierno por el que pasó:

Él era un chico realmente femenino, le encantaba la moda, maquillarse… así que los niños siempre la tomaban con el, llamándole gay, maricón… esto sucedía desde que tenía 5 años. Tyrone quería ser veterinario o diseñador y le encantaba el refrán “sticks and stones may break my bones but words will never hurt me” – los palos y las piedras pueden dañarme, pero las palabras no – Pero obviamente, al final acabaron haciéndolo.

El instituto, como es costumbre en estos casos, ha enviado sus condolencias a la familia y se ha lavado las manos declarando no saber nada del tema, asegurando incluso que ni el propio niño ni su familia acudieron a solicitar ayuda al centro. Sin embargo, si que han declarado que tenían constancia de algún incidente acaecido en los alrededores del colegio. Qué comodo es mirar hacia otro lado y echar la culpa a la víctima.

Y es que Tyronne fue atacado con la estaca de una valla hace menos de un mes por un estudiante de su misma escuela. Fue tan violento que incluso acabó en el hospital, donde tuvo que ser sometido a cirugía de urgencia. Tyronne tenía tanto miedo que no quería volver a clase.

Numerosos personajes de la escena australiana se han hecho eco de la noticia en las redes sociales, con esperanzas de que de una vez por todas se proteja a los niños desde arriba – en los gobiernos – descendiendo hasta llegar a las aulas, con programas de educación y por supuesto, interviniendo y tomando cartas en el asunto hacia los acosadores.

En Ambiente G | “Si te suicidas, nadie te echará de menos” El vídeo viral del bullying contra la joven transgénero Corey Maison http://www.ambienteg.com/

La infinita soledad de los niños de hoy

Las últimas décadas han sido testigos de una tendencia creciente en casi todo el mundo: la “adultización” de los niños. Se ven padres que se sientan al lado de la cuna del bebé y le hablan acerca de la importancia de que llore a ciertas horas, pero a otras no. “Tienen que aprender desde pequeños”, dicen.

Desde el comienzo, intentan educar a estos niños para algo que parece una especie de autonomía a ultranza. Quieren que sus hijos les perturben la vida lo menos posible: que aprendan a levantarse y acostarse solos; que cumplan sus tareas escolares sin que nadie los supervise; que esperen “tranquilos” a sus padres en la casa hasta que lleguen del trabajo. En otras palabras: que se comporten como pequeños adultos.

Esta actitud no deja de generar cierto sentimiento de culpa en los padres. Lo malo es que tratan de diluir esa culpa con regalos costosos o cuidados extremos en ciertos aspectos de la vida. Puede que los estén llamando cada 2 horas “para ver cómo van”. O que aprovechen las vacaciones para irse con ellos al otro lado del mundo para, supuestamente, reparar en algo las ausencias.

Padres agotados y niños insatisfechos

La soledad de los niños es una verdadera epidemia. La propicia el clima de estos tiempos en donde parece que los ratos para los abrazos, los besos y la conversación pausada ya no existen. A cambio de ello, solo hay tiempo para el trabajo: gente agotada y caras largas. Padres que llegan tarde y siempre están cansados y alterados.

UNICEF hizo una encuesta sobre lo que significa calidad de vida para los niños y así pudo comprobarse que su enfoque es muy distinto al de los adultos. Chicos de todo el mundo, entre los 8 y los 14 años, dieron una lista de lo que consideran “vivir bien”. No incluyen juguetes costosos, ni regalos estrambóticos, sino cosas muy sencillas:

  • Que los padres griten menos y dialoguen más
  • Que apaguen sus móviles
  • Que les abracen más
  • Que los tengan menos tiempo encerrados en los colegios y más tiempo haciendo actividades físicas con ellos
  • Que la gente sonría más
  • Que no haya mudanza de la casa en donde viven

Los niños se han vuelto silenciosos y tristes

Ahora es más frecuente que nunca ver niños con expresión triste o distante. Los niños de hoy se sienten muy solos y eso los convierte en personas silenciosas. No saben cómo expresar lo que sienten, porque nunca este es un tema de conversación. Y el no saber dar cuenta de su mundo interno, incrementa su soledad.

También son más irritables, intolerantes y exigentes. No atinan a organizar sus emociones de manera coherente. A muchos les cuesta ser espontáneos y son extremadamente vulnerables a la opinión de los demás.

La soledad impuesta nunca es buena, porque hunde a quien la padece en una especie de limbo emocional, especialmente si es un niño. Se siente sin soporte, sin piso. Experimenta miedo y por eso puede desarrollar una personalidad defensiva y fóbica, que en su vida adulta solo le traerá grandes dificultades para relacionarse sanamente con los demás.

¿Qué hacer frente a la inmensa soledad de los niños?

Seguramente muchos padres han caído en la cuenta de que sus hijos están muy solos. Pero se sienten frente a una grave disyuntiva: o trabajan para sostener económicamente el hogar o pasan privaciones junto a sus hijos. Sin embargo, algo, o mucho, sí se puede hacer al respecto. Estas son algunas de las posibles acciones:

  • Es importante intentar negociar en el trabajo algún tipo de flexibilidad de horarios en función del cuidado de los niños. Puede ser al menos una hora a la semana para dedicarles a ellos.
  • Acordar con la pareja, o con otros adultos, la distribución del tiempo, de manera que los niños permanezcan el menor tiempo posible sin un adulto confiable a su lado. Esto para los lapsos en que no están en el colegio.
  • Destinar un tiempo para dedicarlo exclusivamente a los niños. Si al menos dedicas 30 minutos al día, con el móvil apagado y sin pensar en nada más, para abrazar a tu niño, contarle a grandes rasgos lo que pasó en tu día y preguntarle por lo que pasó en el suyo, ya le estarás haciendo un gran aporte. Si no puedes dedicar 30 minutos, al menos dedícale 15 todos los días.
  • Juega al menos una vez a la semana con el niño. Ese tiempo es muy valioso: se va rápido y cuando se va, no vuelve. Si juegas con él, no necesitas decirle que lo amas: él lo sabrá y se sentirá valioso.

Sean cuales sean las condiciones, vale la pena pensar en la manera de dedicarle más tiempo a los chicos. Lo merecen. Están en una etapa de la vida en la que todas las experiencias marcan. Quizás implique algo de sacrificio, pero, con toda seguridad, vale la pena.

¿Los niños saben odiar?

¿Un niño sabe odiar? No hay respuesta fácil. Si atendemos al filósofo francés Jean-Jacques Rousseau, quien dijo que “el hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado”, es evidente que aprende con el tiempo. Pero, ¿esta es una aseveración absoluta?

A continuación te invitamos a un apasionante viaje a través de la filosofía y la psicología de la mano de grandes pensadores como Hobbes, Kant, Marx, Rousseau, Freud, Piaget o Jovell. Trataremos de dar una respuesta a esta eterna y dolorosa pregunta para tantos padres del mundo.

El odio en el hombre

No es sencillo definir el odio. Los diccionarios se refieren a él como un sentimiento profundo de rechazo y aversión hacia algo o alguien. También lo definen como intenso e incontrolable, como el amor. Por que pese a ser muy diferentes, también van íntimamente ligados.

Los mayores odios de la historia tal vez fueron engendrados en el desamor. La venganza, las pasiones mal entendidas, los celos o el sentimiento de frustración provocados por no sentirse querido puede desatar grandes iras. Algo que nadie reflejó mejor que William Shakespeare a lo largo de su obra.

Son varios los filósofos que han postulado sobre el odio natural o no en los hombres. Si atendemos a Hobbes o Kant, parece obvio que el ser humano nace siendo violento. Nuestro estado natural es agresivo, algo que puede ser refrendado por le comportamiento de los animales.

Por otro lado, Freud señala que el hombre encuentra la tentación en el otro a la hora de satisfacer su propia agresividad. Es un instinto natural que también encontramos en los animales, como hemos apuntado.

n otra línea localizamos a Rousseau y Marx, quienes afirman que el ser humano nace pacífico y sin mácula. Es la sociedad quien corrompe al hombre, por lo que la inocencia es innata y se pierde por acción del grupo.

Las etapas del niño según Piaget

Sea como fuere, ¿puede un niño odiar? Tanto si atendemos a las teorías de la violencia innata como aprendida, ¿cuándo tiene la capacidad de mostrar este sentimiento un chico? Tratemos de dar respuesta a este interrogante analizando a Jean Piaget.

Jean Piaget estableció cuatro etapas en el crecimiento del niño. En su primera fase, de 0 a 2 años, el chico desarrolla el lenguaje, aunque sobre todo usa símbolos y señales. En su evolución ya está dotado de gran inteligencia. Es decir, que entiende e interpreta el entorno y sabe lo que le gusta y lo que no.

Dado que el odio tiene una parte de aversión y profundo rechazo, es obvio que el niño ya experimenta esta parte desde su más tierna infancia. No es lo mismo negarse a tomar un potito que el hecho de que monte una rabieta porque se niega rotundamente a probar ese alimento. Es más, dado que los pequeños apenas controlan sus sentimientos, pueden rechazar o anhelar con mucha fuerza y pasar de un estado al otro en el mismo minuto.

Es evidente que en su primera etapa, el niño ya sabe odiar, aunque sea a algo y no a alguien. Ahora bien, ¿cuándo recibe el pequeño esta información? ¿Está implícito en su código genético? ¿Es un rechazo natural ante lo que le gusta? ¿Tenían razón los defensores de la agresividad innata?

Niña odiando comida

El desarrollo de la inteligencia y el ambiente social

Piaget establece que la inteligencia evoluciona rápidamente hasta los 11 o 12 años. En este periodo, el joven ha sentado las bases de su personalidad y comienza a aplicarlas a diferentes situaciones, como el instinto sexual, la afectividad o la socialización.

Atendiendo a los estudios del doctor Albert J. Jovell, establece que el odio es una enfermedad que debería ser tratada incluso como una cuestión de salud pública. Esto se debe a que los individuos vivimos rodeados de violencia, pues los medios de comunicación y la propia sociedad muestra a todas horas la muerte y agresividad del ser humano. ¿Puede esta circunstancia influir en el niño antes de lo que pensamos?

Para Jovell, el odio es un sentimiento irracional capaz de poseer a un ser humano y nublar su propia razón de forma transitoria o incluso permanente. Es por ello que se necesita de un sistema de prevención adecuado.

¿Cuándo aprende el niño a odiar?

Una vez expuesto el pensamiento de muchas de los investigadores que se han dedicado a reflexionar sobre este asunto, nos quedan dos preguntas por resolver ¿podemos establecer que hay un momento en el que el niño aprende a odiar? Si es así, ¿Cuándo sucede?

Si atendemos a Piaget, la primera etapa de la edad infantil es el momento. El niño ha desarrollado gran inteligencia y capacidad para saber qué le gusta y qué no. Además, sus sentimientos son muy fuertes e incontrolados, por lo que más que animadversión muestra odio.

Niño-sentado-de-espaldas

Es evidente que vivimos en una sociedad en la que la agresividad es real. Pero, ¿es capaz un niño de contagiarse de ese ambiente desde que nace?, ¿tanto influye en un bebé de pocos meses el entorno que le rodea? Si atendemos a los estudios, es evidente que el chico se siente inmerso en su entorno desde el primer momento, por lo que está totalmente expuesto y es permeable.

Aunque no es una pregunta de respuesta fácil, según lo que sabemos hoy día, parece que al poner todas las cartas sobre la mesa, el niño que dice o muestra odiar algo o a alguien realmente tiene ese sentimiento, aunque sea meramente transitorio y no sepa con exactitud qué significa. Pero sucede igual con el amor, por lo que no debe ser preocupante a no ser que sea algo excesivamente constante o muy habitual. https://lamenteesmaravillosa.com

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