CULTURA:

 

Este lunes se celebra por primera vez el Día de las Escritoras, que pone el acento en la visibilidad de las mujeres en la cultura.

Hablamos con algunas de ellas sobre estos males y acerca del aumento de los discursos feministas en las mesas de novedades.

  • MARTA CABALLERO
  • Sevilla

17/10/2016 06:05

La historia de la literatura escrita por mujeres es una historia de olvidos. A estas alturas, pocos pueden negar esta frase hecha. Basta acercarse a las cifras de los premios más prestigiosos para apreciar que la mujer sigue sin tener una consideración justa. Los datos no son nuevos. Pero por desgracia no varían. Entre el centenar de ganadores del Nobel sólo figuran 16 escritoras. En el caso español, únicamente dos se han llevado el Nacional de Narrativa, Carmen Martín Gaite y Carme Riera. Ocurre lo mismo con el Cervantes, cuatro narradoras hasta la fecha (Dulce María Loynaz, María Zambrano, Ana María Matute y Elena Poniatowska). Por otra parte, en la RAE sigue habiendo nada más que ocho académicas de 44 miembros; 11 de casi 500 en toda la historia de la institución. El descuido también inunda otros terrenos, como las listas de los mejores libros del año.

Para paliar estos dislates ha surgido este año el Día de las Escritoras, una iniciativa de la Biblioteca Nacional, la Asociación Clásicas y Modernas y la Federación de Mujeres Directivas. Entre los actos programados, una lectura de 30 narradoras este lunes a las 19.30 horas en el Auditorio de la BNE.

Sin embargo, nunca se ha hablado tanto como hoy de literatura escrita por (no para) mujeres y feminista. El éxito de autoras como Caitlin Moran y sus librosCómo se hace una chica y Cómo ser una mujer (ambos publicadas en Anagrama), el abrazo de varias generaciones al activismo mediático y desacomplejado de la productora, escritora y directora Lena Dunham o a la cómica y también guionistaAmy Schumer, la constante reedición de clásicos como Un cuarto propio deVirginia Woolf, la aparición de clubes de lectura feminista, la existencia de jóvenes muy jóvenes reivindicando a Elizabeth Bishop y a Alejandra Pizarnik, de la que Lumen publica ahora su Poesía Completa. Son hechos que han provocado no sólo el aumento de estos textos sino su salto de las revistas femeninas a los diarios generalistas; de la última esquina de secciones especializadas a las mesas de novedades.

La vuelta del verano trajo consigo un runrún de títulos de esta temática en tanto que varios medios se apresuraban a hablar de un supuesto boom. En Capitán Swing han editado recientemente Los hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit, que ha convertido en la palabra de la temporada el mansplaining(disertaciones condescendientes de los varones hacia las mujeres a fin de que las segundas entiendan algo que ellos creen que desconocen). La misma editorial lanza en noviembre Mala feminista, de Roxane Gay, que abunda en el tema de la escasa presencia femenina en las críticas literarias, entre otros males, y que se hace preguntas sobre esta militancia. ¿Más? Las chicas, de Enmma Cline,Solterona, de Kate Bolick

En Alpha Decay lanzarán en breve Mi vida en la carretera, las memorias de la feminista Gloria Steinem. La fundadora de este sello, Ana S. Pareja, reconoce que estamos en racha en lo que se refiere a bestsellers de calidad escritos por mujeres. “Acciones como el club de lecturas feministas capitaneado por Emma Watson o las recomendaciones de libros escritos por mujeres de otras mujeres con enorme alcance mediático están favoreciendo la visibilidad de algunas autoras”.

No obstante, prosigue la editora, estas circunstancias no se han traducido en una mayor igualdad: “Las estadísticas que revisé en 2014 a raíz del Year of Women Writers no eran muy alentadoras. Sigue habiendo un porcentaje muy inferior no sólo de mujeres que publican sino de mujeres que ejercen la crítica literaria y de libros escritos por mujeres reseñados en los medios tradicionales”.

Coincide con ella la escritora Laura Freixas, presidenta de Clásicas y Modernas: “Es un espejismo que el papel de la mujer en la literatura haya aumentado. Los premios de prestigio son un buen termómetro para demostrar que no ha sido así. Es cierto que hay algunas escritoras que venden mucho pero como lo hacen algunos escritores. Sin embargo, corre la idea de que las mujeres vendemos más, lo cual nos asocia a una literatura comercial y, por tanto, de menor calidad. De igual manera, somos reconocidas en los premios más populares pero no en los de prestigio. Y es grave, porque no es el Planeta lo que van a leer nuestros nietos”. Precisamente, este domingo se alzó con el Premio Planeta la escritora Dolores Redondo.

La también novelista Elvira Lindo no ve el panorama tan arduo: “La presencia de la mujer en el mundo literario es mucho mayor, más diversa y con una gran irrupción de escritoras jóvenes. Además, las pequeñas editoriales, que están cumpliendo un papel importantísimo en el rescate de libros esenciales que estaban descatalogados, suman títulos escritos por mujeres o sobre mujeres. La presencia femenina en el campo editorial ha crecido en número y en consideración”.

Igualmente optimista se muestra Palmira Márquez, directora de la agencia literaria Dos Passos. “La desigualdad es evidente en todos los órdenes de la vida pero ha aumentando la participación de las mujeres en cultura, fruto del trabajo silencioso y tenaz ejercido por autoras del pasado como Emily Brontë, Cecilia Böhl de Faber, Pardo Bazán, George Sand, Jane Austen… La mujer ahora tiene una voz primordial, y no sólo en los libros, sino en todo el desarrollo editorial del país”.

Para la agente su género no le ha supuesto obstáculo alguno en su profesión. “He sentido actitudes paternalistas e incluso machistas a mi alrededor, pero no barreras”. Freixas no lo ve igual. En el caso de los escritores expone que las carreras de ellos suelen ir a más mientras que las de las de ellas van en descenso: “Se presta atención a las jóvenes y caemos en una falsa idea de igualdad. No es que haya habido un cambio para la nueva generación. No, lo que sucede es que las jóvenes son fotogénicas, hacen gracia a los señores, no representan un amenaza. En cambio, se niega el espacio y el reconocimiento de maestras a las mayores“, protesta.

Ana S. Pareja sí denuncia haber percibido ramalazos de machismo por parte de jefes y compañeros y menciona haberse sentido más observada en sus comienzos no sólo por ser mujer sino más joven que la media. “Esta es la combinación ideal para que los hombres de cierta edad y en ciertos cargos no te tomen tan en serio”. También sorteó barreras Elvira Lindo: “Siempre he sido muy peleona. No me he dedicado sólo a la literatura, mi trabajo básico ha sido el periodismo, y ser mujer me ha llevado a cobrar menos. La desigualdad en los sueldos es lo primero que hay que romper, y más en estos trabajos en que nadie le dice al compañero lo que cobra. Por otro lado, tenía todas las papeletas para que me trataran con condescendencia: estaba casada con un escritor importante, venía de la radio, escribía humor… Pero no me suelo callar y a codazos me hago cada día mi lugar en el mundo. Y soy militante activa ayudando a mujeres más jóvenes para que no se callen”.

Marta Sanz, que acaba de publicar Éramos mujeres jóvenes (Fundación Lara), en torno a la construcción de la identidad femenina en su generación, interpreta el Día de las Escritoras como un monumento a la mala conciencia del que, no obstante, nos debemos aprovechar. “Me subo al carro porque soy consciente de que algo falla”, confirma. Para ella, la actualidad habla de un feminismo dentro y fuera del discurso literario que no tiene un único rostro, sino que es poliédrico. “El que me interesa no es un feminismo académico nacido en las universidades norteamericanas sino el de todos los días, el que logra que las mujeres cobren lo mismo, el que procura que las tareas se repartan, que los papeles asistenciales no recaigan sólo sobre nosotras. Ese feminismo cotidiano es el que me interesa”.

Lindo ve una lógica en la irrupción de los discursos feministas en la literatura. A su entender, el país los necesitaba porque los partidos de izquierdas no hicieron ese tipo de activismo, pues lo social ha venido prevaleciendo sobre los derechos y libertades individuales. “Ha habido muchos tipos de feministas. Las que más me han influido han sido las que predicaban con el ejemplo. Hay una escritora americana que abandonó la literatura por el activismo, Grace Paley, por la que siento devoción. Me identifico con su manera alegre, desprejuiciada, sincera y libre de ver la vida. No habla como una teórica, es una mujer que para decirte lo que piensa cuenta su vida. Es escritora aunque hable de política”.

La también periodista admite que hubo un tiempo en el que sonaba raro decir que una era feminista. “Yo lo soy, pero lo digo poco, porque lo doy por hecho, desde siempre. He tenido la suerte de que a nuestros hijos no les he tenido que recordar que soy igual que cualquier hombre, que su padre. Lo saben y lo comparten. En el trabajo sí he estado muchas veces en guardia. Soy feminista en mi comportamiento: intervengo, opino y quiero hacerlo libremente. He observado también a feministas que a la hora de la verdad cuando están entre los hombres callan o les escuchan con más atención. Es curioso eso. Aprecio más a las personas por cómo actúan que por cómo se definen”.

De nuevo la editora de Alpha Decay, cuyo catálogo se nutre de pesos pesados o que pesarán de la narrativa escrita por mujeres de los siglos XX y XXI (Lesley Arfin, Chris Kraus, Sheila Heti, Kristin Hersh, Meredith Haaf, Alicia Kopf y Marianne Fritz), saca a relucir un asunto fundamental: el hecho de que el feminismo haya dejado de percibirse como “algo que se oculta para no incomodar”.

Y es cierto. Podría decirse que el feminismo se ha atomizado. Que no es uno sino muchos y de múltiples colores. Desde el humor y la sátira de publicaciones jóvenes como Píkara a la renovada reivindicación de referentes, de Dickinson (de la que se acaba de estrenar Historia de una pasión) a Clarice Lispector, por ejemplo. Hay una sana y necesaria diversidad, sólo hace falta que se le preste la atención que merece.  http://www.elmundo.es/

FUENTE: Leticia Durán @tiricia34

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